¿Cuál crisis: por qué brincamos si el suelo está parejo?

Tenemos un país saludable, pero los ticos no lo hemos notado. Varias noticias positivas han salido a la luz pública. La tasa de pobreza no era, como algunos nos venían diciendo, cercanas al 22 o 23%, sino del 20%. Y la de desempleo de 7.8%, y no del 10% como se manejaba en algunos medios de comunicación. Por otra parte 70% de los empresarios del sector manifiestan que el ingreso de turistas es mejor de lo previsto para condiciones de crisis, confirmado por la Organización Mundial de Turismo que pone el crecimiento de Costa Rica entre los mejores de América Latina y el Caribe. Un 86% de los empresarios del sector dicen estar satisfechos con su rentabilidad. La economía crecerá igualmente entre los niveles más altos de la región y rondará el 5%.

¿Deberíamos estar contentos? Sí y no. porque el desempeño del país es superior a la mayoría de los países en desarrollo y las consecuencias de la crisis del 2008 son mucho mejor de lo previsto. Y no, porque persisten problemas, especialmente de carácter social, que deben resolverse en el corto plazo. Pero esos problemas no justifican la imagen colectiva de una profunda crisis nacional. Y mal hacen los medios de comunicación y los políticos que pescan en río revuelto, de fomentar el negativismo y la desconfianza en la institucionalidad democrática que sigue brindando grandes beneficios a la población. Su fracaso en las preferencias electorales, según tendencia reiterativas de las encuestas, no será superado buscando alianzas imposibles o alimentando una imagen de crisis, contraria a la realidad económica y social del país.

¿Cuáles son los retos que persisten? El mayor sigue siendo que estamos pegados alrededor del 20% de pobreza desde la década de 1980, producto de la falta de acceso a empleos de calidad pero, principalmente, de no soltar las amarras que le impone al desarrollo un costoso e ineficiente aparato estatal. En La Fragua hemos estimado que la pérdida de recursos por ineficiencia ronda los $4000 millones por año y eso sin contar los costos de oportunidad. Por ejemplo, los atrasos en la concesión de la carretera a San Ramón ya nos costará unos $200 millones más. Y esa cifra constituye dos terceras partes del costo estimado de una red ferroviaria eléctrica moderna, que conecte a cuatro provincias: Cartago, San José, Heredia y Alajuela.

El país tiene opciones y recursos para encarar los grandes retos. Pero se requiere el juicio inteligente de la población y superar su actitud de negatividad y desconfianza en el sistema. Tiene que estar vigilante, porque hay oportunistas que buscan pescar en río revuelto. Es urgente juntar voluntades en torno a propuestas constructivas y valorar la solidez de las propuestas y la capacidad para ejecutarlas.

Ciertas corrientes se alimentan de la defensa del patrimonio nacional, lo que en realidad oculta una actitud neoestatista. Y, si nuestro costoso e ineficiente estado es parte del problema, esa posición conlleva la preservación del status quo. Si se llegaran a mantener los privilegios enquistados en la administración pública, seguiremos con sólo un famélico 6% de inversión pública y despilfarros descomunales para nuestra capacidad económica. Además, la ineficiencia seguirá siendo un obstáculo al desarrollo y a la solución de nuestro problema prioritario: la pobreza. Hay además un enemigo oculto: la tendencia de los medios de comunicación a resaltar lo negativo y lo emotivo. Vea usted, lector, cómo se presentan las noticias del día. Nos repiten los miles de ciudadanos que viven en pobreza. No el hecho de que nuestros indicadores están entre los mejores del continente. Igualmente, es necesario descubrir la falacia de las alianzas. Sólo recuerde la experiencia del país en el período 1978-1982 y la más reciente alianza por Costa Rica, responsable por la fracasada gestión anterior de la Asamblea Legislativa.

¿Qué debemos buscar? Primero es la superación del problema institucional del Estado, que nos cuesta mucho y obstaculiza la adopción de medidas correctivas. Sin una reforma institucional de fondo, no podremos recuperar los vastos recursos que se pierden en ineficiencia y la dictadura del procedimiento, que entorpece toda iniciativa de desarrollo y es la principal fuente de corrupción. Luego, debemos vigilar los objetivos del desarrollo. La gente es primero. Y el desarrollo económico no nos sirve, a menos que provea oportunidades y empleo de calidad para todos. Es el sector informal el que alimenta la pobreza y, en gran medida, la madre soltera jefa de hogar. Y la estrategia correctiva debe hacer que ese sector emigre al sector formal. Tercero, debemos incrementar la competitividad porque de otra forma no tendremos recursos para repartir en forma equitativa. No tendremos más empleo y más oportunidades. Se requiere un nivel de inversiones sustancial, posiblemente no inferior a los $1000 millones, en forma sostenida por un período más o menos prolongado, para un nivel de crecimiento por lo menos similar al actual, si las condiciones de crisis mundial se mantienen.

La cuestión es quién ofrece mejores opciones dentro de estas tres grandes orientaciones. Y, tal vez más importante, quién tiene los antecedentes de carácter y experiencia, de tal manera que ofrezca una razonable garantía de que ejecutará los proyectos que nos permitirán avanzar, con la prioridad  explícita de reducir sustancialmente la pobreza y ofrecer mejores oportunidades para nuestra juventud. La única forma de hacerlo es analizar con cuidado las propuestas de los posibles candidatos a liderar el gobierno por los próximos 4 años. Ya hay por lo menos dos esbozos de propuestas (ver AQUÍ y AQUÍ). En la medida que el proceso avance tendremos otras propuestas. Del buen juicio que todos ejerzamos depende la posibilidad de que superemos la desconfianza y el negativismo y que logremos un salto cualitativo importante que impacte en la reducción sustancial de la pobreza y la desigualdad. De nuevo, debemos ser vigilantes de quienes alimentan la crisis con una retórica falaz. El país tiene notables fortalezas e importantes debilidades que entre todos podemos superar.