Ottón Solís y Fernando Berrocal: ¿Los difusos matices de la ética y la corrupción?

El mini-debate de Ottón Solís y Fernando Berrocal debe haber preocupado a esa minoría de lectores que leen la página 15 de La Nación, cuando la población se encuentra en una actitud de crítica a nuestra democracia, que presume corrupta. Por ello es importante dilucidar qué pasó en realidad con los temas en discusión entre ambos actores políticos. Como siempre ocurre, una vez que los medios entran en juego, quedan imágenes que los hechos fácticos no podrán borrar. Si estas imágenes son negativas, no importa cuánto se aclaren los hechos, el daño sobre el carácter de las personas y la cristalinidad de nuestras instituciones resulta en buena parte irreversible. Aún así, aclarar los hechos es importante para reducir el impacto.

Obviamente, el tema para don Ottón es la corrupción, que él mismo nos dice “es el uso del poder y la influencia para beneficio personal o ser obsequioso a la influenza interesada de aquellos a los que se deben favores políticos”. A la luz de esta definición ¿Hay matices de corrupción en los temas centrales que originaron el diálogo entre ambos políticos?

La respuesta depende de cuáles palabras de don Ottón tomamos como base. Una nos dicen blanco y otras nos dicen negro. Empieza don Ottón reconociendo el carácter de don Fernando, que caracteriza de valiente y transparente, cuando presumiblemente hace una denuncia en una emisora de San Carlos. Para luego asociar a don Fernando con posibles actos de corrupción (textualmente: “hasta sugirió la ruta corrupta que supuestamente adoptaron Los Hermanos Arias”). Habría que preguntarle a don Ottón si cree que don Fernando es valiente y transparente o corrupto, porque nos dice ambas cosas. Parece que esencia, don Ottón esconde la mano y luego tira la piedra, tal vez porque duda de sus propios planteamientos y, por ello, evade hacer planteamientos claros y directos.

Vuelve a esconder la mano, cuando dice que “Nunca he cuestionado los resultados de esa elección ni la integridad de los magistrados del TSE”, para luego tirar la piedra, cuestionando la integridad de los magistrados si, ante las palabras de don Fernando a Radio Santa Clara, el Tribunal Electoral “mira al otro lado” ¿Cuáles fueron esas palabras de don Fernando que sugieren la posibilidad de conducta corrupta de los magistrados?

¿Por qué cuestiona la integridad del Tribunal Electoral? En esto, se repiten una vez más la ambivalencia e incoherencia en las palabras de don Ottón. Ha dicho primero que nunca cuestionó los resultado de esas elecciones, pero a la vez sugiere que algo malo debe haber, que el Tribunal evade enfrentar (“mira al otro lado”) ¿Hay razón para esta sospecha? Y si la hubiera, don Fernando se pregunta por qué la plantea 6 años después de los acontecimientos.

Lo que don Fernando Dijo en San Clara, que luego aclara en un artículo de prensa, es que se pidió al Tribunal que realizara un conteo mesa por mesa y voto por voto, en virtud de que la diferencia entre los contendientes (Oscar Arias y Ottón Solís) era de solo 3000 votos. Eso se hizo con presencia de fiscales de ambos partidos. Según don Fernando el grupo de delegados de don Ottón “peleó con honestidad, valentía y fuertemente, voto a voto, mesa a mesa, para que el resultado favoreciera al PAC. Igual hicimos nosotros…”. La posición de don Ottón es por tanto un poco extraña ¿Será politiquera como lo sugiere don Fernando? ¿Es en todo caso ética? ¿Por qué recurre nuevamente al juego de esconder la mano y luego tirar la piedra, cuando cuestiona a los magistrados de TSE? ¿Es esto igualmente ético? ¿No conocía don Ottón el informe de sus delegados? Si así fuera y encontró el proceso cuestionable ¿por qué no lo denunció a las instancias pertinentes en el 2006?

Don Fernando Berrocal parece haber cometido un lapsus, un error involuntario y mala selección de términos, sin segundas intenciones, porque lo hechos están claros. La Magistrada Zamora, actualmente en función a.i. de presidente del TSE, dice enfáticamente que nunca hubo detención del conteo de votos y que el conteo mesa por mesa, voto por voto, se ha hecho desde 1953 hasta el 2006. Pero el hecho fundamental es que todo el proceso electoral del 2006 se realizó con absoluta cristalinidad y participación de los fiscales de los partidos respectivos y que don Ottón debe saberlo porque la evidencia existe en los informes de sus propios delegados, en los registros legislativos y en el informe Estado de La Nación, entre otros.

Don Ottón deja grandes dudas sobre la ética que propugna o, por lo menos, la que practica, cuando tira la piedra. No lo disculpa que luego esconda la mano. El daño a nuestra institucionalidad y a las personas asociadas está hecho, como es evidente de la repetición que hacen algunos medios y algunos personajes de sus contradictorios argumentos, selectivamente tomados para maximizar intereses políticos. No sabemos si el código de ética de don Ottón prevé la disculpa por sus evidentes ambivalencias y por ese discurso dual, en el que primera exalta atributos positivos, para luego sugerir la posibilidad de corrupción ¿Será una forma de hacer “uso del poder y la influencia para beneficio personal”, de sus aspiraciones políticas o de su movimiento en crisis?

¿Qué piensa usted amigo lector?