Política de cara al 2014 ¿Qué nos proponen?

En aguas políticas turbulentas, los costarricenses nos encontramos en un entorno confuso, dominado por la retórica electoral de la cual debemos analizar los contenidos fundamentales que respondan al interés nacional.

Por las actitudes prevalentes (en parte producto mediático) es importante recordar de donde partimos y hacia dónde vamos. El pacto social, que ahora parece tener muchos padres, surge en la Costa Rica agraria de la última década de 1940, cuando éramos unos 500 mil habitantes, en su mayoría campesinos, pobres, carentes de salud, con una expectativa de vida promedio de 48 años, sin electricidad, sin agua potable y una economía dependiente principalmente del café. A partir de la segunda mitad del siglo pasado, las fuerzas progresistas impulsaron cambios fundamentales que hoy nos tiene en situación de privilegio en desarrollo humano, según órganos internacionales independientes. Las circunstancias son opuestas: una economía dominante en servicios y tecnología, empleos de calidad y sueldos medios y altos, coberturas nacionales en salud, educación electricidad y agua potable y en general una sociedad en muchos aspectos saludable. Con una deuda social: la pobreza, con excepción de un corto período en la pasada administración, no se ha podido bajar del 20%, aunque seguimos siendo más exitosos que muchos países de la región.

¿Qué nos ofrecen hoy quienes aspiran a la presidencia para el período 2014-2018? Los grupos de oposición al PLN, con niveles de apoyo contabilizados por un dígito, ha escogido ignorar el origen de su rechazo popular e intentar componendas que les permita crecer sumando posiciones opuestas, mientras a lo interno sufren divisiones difíciles de superar. De este contexto, llenos de contradicciones, surgen manifestaciones, como la de seis miembros del PUSC y del PAC, que pretenden salvar al país porque “A lo largo de los años quienes han detentado el poder político demostraron fehacientemente su incapacidad de ponerse de acuerdo para solucionar los problemas de fondo en la administración pública”.

Creerán estos políticos que el público olvidó tan pronto el desastre del acuerdo mediante el cual esas y otras agrupaciones controlaron el directorio legislativo durante un año de improductiva gestión, caracterizada por agrias disputas internas y por incumplimientos importantes, entre ellos la reforma del reglamento del congreso, uno de los principales factores de ingobernabilidad. Además, la ausencia de una relación de causalidad entre “fusiones” y “retos nacionales”, envía un mensaje equivocado a la población que ve a los políticos, en los cuales desconfía, empantanados en luchas de poder.

Mientras esto ocurre, el PLN cuenta con dos candidatos fuertes y un tercero sin posibilidades reales. El expresidente don José Maria Figueres Olsen, ha anunciado formalmente que no participará en las primarias para elegir el candidato liberacionista. Queda una lucha, una tanto desigual, entre Rodrigo Arias Sánchez (RAS) y Johnny Araya Monge (JAM), quien lidera las encuestas y, por ahora, disfruta de una amplia presencia mediática mientras mantiene su función de alcalde, lo cual lo releva de toda crítica o confrontación de ideas. Por tanto el elector no puede juzgar su potencial presidencial o valorar sus propuestas relativas a otros candidatos.

RAS ha esbozado su programa de seis ejes, explicados y ampliados en varios artículos de prensa y en presentaciones que viene realizando. Tres elementos sobresalen en ella. El primero es el reconocimiento de que los políticos con frecuencia fallan no tanto en articular una propuesta coherente, sino en su capacidad para tomar las decisiones pertinentes y ejecutarlas. Por eso él nos recuerda que fue parte de dos administraciones, en las que desempeñó un papel decisivo que algunos han asimilado a la figura de primer ministro del sistema parlamentario europeo. En la primera administración se dio la decisión heroica e histórica de lograr la paz para Centro América contra una fuerte oposición nacional y de las entonces dos superpotencias mundiales: Estados Unidos y Bloque Soviético. La segunda, se ha dicho, constituyó la recuperación del PLN, que venía de capa caída. Las decisiones que interesa analizar, como indicador de la capacidad de decisión de RAS, incluyen el mejoramiento de la infraestructura, la ampliación de nuestros mercados comerciales -donde sobresalen los TLC con Estados Unidos, la Unión Europea y China-, el crecimiento económico, el aumento sustancial del gasto en educación, el programa avancemos y las pensiones no contributivas, entre muchas otras.

RAS espera hacer una diferencia cualitativa sustancial en nuestro desarrollo, que en gran medida depende de ese principio que ha orientado el PLN y que don Pepe resumía en producir con eficiencia y distribuir con equidad. Y  nos recuerda RAS que “La finalidad superior de la política es el bienestar de las personas; este principio es aún más importante en estos momentos, cuando gran parte de las economías desarrolladas y las naciones más ricas parecen haber perdido el norte de sus afanes”. Y mejorar el bienestar implica acabar con la pobreza extrema y reducir la pobreza. Es obvio, por otra parte, que todos enarbolan la bandera de la equidad y la solidaridad. Al respecto, RAS no recuerda que al iniciarse la gestión Arias Sánchez, en el año 2006 el gasto social era del 17% del PIB o unos $780 per cápita; a concluir, en el 2010 fue del 23%, unos $1200 per cápita. De esta manera el elector puede establecer un juicio comparativo tanto en compromiso (o retórica) como en práctica.

Pero, no se puede distribuir lo que no se produce. El país deberá crecer a niveles superiores o similares a los que prevalecieron antes de la crisis. Y no puede hacerlo con un despilfarro de varios miles de millones de dólares por año, el costo de la ineficiencia y la ingobernabilidad con un Estado agotado. RAS repite la consigna de la anterior administración: un gobierno que tiene muchas prioridades no tiene ninguna, en parte porque dispersa su atención y los recursos. Por ello asegura que su primera prioridad es la reforma institucional para tener un estado que funcione con altos niveles de calidad, eficiencia y costo y que por tanto se incorpora a la lucha por el desarrollo, en vez de obstaculizarla.

El punto de partida para movilizar los esfuerzos y recursos nacionales, por tanto, pasa por superar la ingobernabilidad que nos tiene parados y limita la solución de la problemática nacional, en la que se destaca la lucha contra la pobreza. En segundo lugar, pone la inversión en competitividad y distribución con equidad. Lo primero va unido a la inversión pública y privada que el Gobierno hace o facilita. Es el camino que ya recorrimos, en parte gracias a la labor en previos gobiernos, pero que es necesario reforzar en campos tales como puertos y aeropuertos; comunicaciones físicas y virtuales; innovación a través de la educación, la investigación y la tecnología; mantener el crecimiento de nuestras relaciones comerciales e incrementar la aplicación de energía limpia. Don Rodrigo intentará crear las condiciones para mantener las inversiones en montos superiores a los $1000 millones por año en forma sostenida y compatible con la protección del ambiente.

En su visión, la equidad va unida a la inversión en infraestructura y el crecimiento. Se trata de incrementar sustancialmente la posibilidad de empleo que garantice un nivel mínimo de subsistencia para todo trabajador, pero de manera particular para absorber a quienes hoy se encuentran en el sector informal y constituyen el principal factor de la pobreza. Y también las oportunidades para que las pequeñas y medianas empresas tengan mayor participación en los beneficios del crecimiento. Conlleva capacitación, desarrollo de tecnología, financiamiento (reformas al Sistema de Banca de Desarrollo), con un énfasis particular en incrementar sustancialmente el acceso de la mujer al mercado laboral.

Estos son aspectos del planteamiento de Rodrigo Arias Sánchez. Una reforma institucional, que seguro requerirá acuerdos políticos importantes, es la vía para soltar las amarras a nuestro desarrollo y movilizar nuestros recursos hacia el logro de metas más ambiciosas que sabemos posibles, privilegiando las necesidades de los sectores más vulnerables, complementada con crecimiento comercial e inversión en infraestructura, educación y investigación y tecnología, fuentes de nuestra competitividad e inserción exitosa en el entorno global. En esencia, un salto cualitativo para pagar la deuda social que sigue pendiente: la pobreza. Por supuesto, todo depende de una decisión popular inteligente, que RAS espera sea el producto del análisis objetivo del elector, tanto del contenido de la propuesta esbozada como de la capacidad demostrada para su ejecución. En La Fragua estaremos a la espera de otras propuestas para llevar nuestro análisis al lector.

Nota: la propuesta de RAS es más concreta de lo que este análisis permite. De sus varios artículos de prensa recomendamos el más reciente, titulado Liberación Nacional y el futuro de Costa Rica, cuyo enlace incluimos.