El “CalderOttismo”, por Daniel Calvo

Artículo publicado en www.danielcalvo.com

Existe todo un debate en torno a si las ideas socialcristianas aún perduran dentro de la estructura del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC).

Mientras algunos han preferido hacer casa aparte, quienes se mantienen en esta fuerza política se dividen entre aquellos que sostienen que estas ideas deben renacer bajo nuevos pero desconocidos liderazgos, y entre aquellos que opinan que lo ideal sería que estas vuelvan a convergir bajo el alero de un cuestionado caudillo, Rafael Ángel Calderón Fournier.

Estas posturas, mutuamente excluyentes, mantienen enemistadas a ambas tendencias en las filas rojiazules.

Este ambiente hostil comprueba que de “unidad” no queda nada dentro de esta agrupación y nos plantea la interrogante de qué finalidad persiguen verdaderamente quienes se aferran a lo poco que sobrevive de esa estructura.

La división en las filas del PUSC es tanta que en los últimos días sus facciones suscribieron dos diferentes alianzas.

Sus partes o bandos actúan de manera completamente independiente del comité ejecutivo -similar a lo que ocurre en el PAC- lo que nos hace preguntarnos si se trata de dos o cuatro partidos.

Lo que resulta más irónico es que es el mismo discurso que proclama la necesidad de una coalición de fuerzas para derrotar al PLN en las elecciones de 2014, el que está dinamitando las opciones reales de concretar esa alianza anti verdiblanca.

Todos quieren una coalición, pero una en la que sea su partido y, principalmente, su figura, la que más sobresalga dentro de esa unión.

Y en caso de que esto no sea posible, sus integrantes al menos pretenden ser reconocidos como los artífices intelectuales de tal alianza. Producto de ello existen varios y no solo un esfuerzo por construirla.

El pacto entre Calderón y Otto Guevara, presidente y eterno precandidato del Partido Movimiento Libertario (PML), es solo un esfuerzo más, donde las contradicciones, como en la mayoría de esos acuerdos políticos, se encuentran a la orden del día.

La situación precaria y desesperada de estas dos figuras que lucen numerosos cuestionamientos éticos, los ha llevado a unirse para combatir su desgaste y acuerparse frente a los enemigos que enfrentan a lo interno en sus respectivas agrupaciones.

El desdibujamiento ideológico que vive el ML desde la pasada contienda de 2010, donde la divisa rojiblanca se arropó con la túnica de la moderación y buscó posiciones en el centro del espectro político, ha acercado a estas figuras, al punto que Guevara ha tenido que rectificar sus palabras expresadas años atrás, sobre que no se visualizaba compartiendo trinchera un proceso electoral, junto al líder del partido al que renuncio años atrás.

Las contradicciones de Guevara obligan a preguntarse hasta qué punto el recién firmado pacto puede resultar en una operación riesgosa para ambos, sobre todo para Guevara un eterno precandidato que se arriesga a ceder de alguna manera su escaso caudal electoral y que este pueda ser absorbido por fuerzas e intereses mayores.

De nuevo, Guevara expone al Movimiento Libertario a un cambio radical y peligroso, como el liderado en 2010, donde la existencia de su partido fue utilizada únicamente en la realización de encadenamientos con sus empresas personales, así como vehículo con el cual comerciar para llevar personas a Cuesta de Moras y no a Zapote.

El expresidente Calderón, en tanto, no pierde nada, siempre y cuando no decida marcharse del PUSC, partido sobre el cual todavía tiene una importante injerencia y cuota de poder. Basta con que recordemos que la mitad de la fracción legislativa actual sigue sus órdenes.

El PUSC viene en incremento en las encuestas, mediciones de opinión en las que cosecha entre un 10% y un 15% de apoyo electoral, lo cual lo sitúa nuevamente como la segunda fuerza política en las preferencias de los costarricenses.

Los números dan para pensar en que, muy probablemente, en las próximas elecciones generales del 2014 el PUSC incrementará su número de diputados a costa de la crisis experimentada por el PAC, partido que parece enterrarse de la mano de varios grupos internos que están dinamitando sus respectivas bases.

El calderonismo, a diferencia de otras marcas que se han intentado posicionar en el mercado electoral, cuenta con un caudal electoral propio, con una compleja y bien construida estructura nacional que cuenta con bases de liderazgos sólidos y antiguos que podrían reactivarse en cualquier momento como reacción natural al resurgimiento del figuerismo en el PLN, en caso de que se esclarezcan las causas judiciales pendientes contra el expresidente de la República.

Es difícil aventurarse en asegurar bajo este contexto, que el bipartidismo ha muerto definitivamente, los resabios de una cultura política donde prevalecen los caudillos por encima de sus partidos y el personalismo es todavía una importante moneda de cambio, nos hacen dudar, aunque su futuro está por verse. Tal parece que las figuras con más colmillo aleccionan a sus nuevos aprendices, pero no les enseñan todos los rudimentos de su oficio.