Las recetas para recuperar la salud de la CCSS

Los salvadores de la Caja surgen por doquier. Por una parte nos ofrecen miles de millones de dólares, haciendo algo que la Caja no ha podido hacer: producir buena calidad de servicios, especialmente de carácter estético, para vendérselos a los gringos. Por otra, un grupo, liderado por un político fracasado, pretende un referendo para asumir el control de la Junta Directiva en nombre de los asegurados costarricenses. Y, por supuesto, no podemos dejar por fuera a los notables que, alimentados por la OPS/OMS, decidieron que se trataba de una crisis financiera. Mientras tanto los actuales directivos se encuentran tomando medidas, en su mayoría en la dirección correcta, pero la crisis sigue campante. Son éstos los únicos realistas que reconocen, no en público, que la tarea es algo cercano a lo imposible y que sus decisiones tienen sólo carácter paliativo.

No hemos querido entender que los problemas de la CCSS son los mismos que afectan a la administración pública en todos los poderes del Estado. Es eso que llamamos ingobernabilidad, también algunas veces privilegios, cuyo costos se cuentan en los miles de dólares anuales y que cuya solución es de carácter nacional. Cualquier institución que intente cambios desde su limitado punto de vista institucional sólo puede agregar algún parchecito, no soluciones de profundidad, contundencia y sostenibilidad.

Tampoco hemos querido centrarnos en los problemas de fondo que afectan a nuestras instituciones. Los políticos alegan, con sobrada razón, que la política debe dejarse a los políticos. Los tecnócratas, más aún los académicos, pueden ser un solemne fracaso en política. La razón es muy simple: la política no es una profesión, es un oficio, que se aprende en la escuela de la vida, en contacto con la gente y las comunidades, en la capacidad para reconocer el pensamiento popular y en la sensibilidad para escuchar su vos y en ella identificar los problemas nacionales. También del contacto con la institucionalidad democrática a través de la cual esos problemas encuentran solución. Es en este entorno político que los países desarrollan a través del tiempo la visión del país que quieren y se articulan las respuestas  (políticas) a los grandes retos nacionales.

Pero los políticos no han querido entender que esa visión se ejecuta en otro plano, donde su presencia generalmente es fatal. Es el plano de la tecnocracia, donde la visión del desarrollo se transforma en metas específicas, en tiempo y espacio; se ordenan en planes y programas y se ejecutan para producir servicios y productos de calidad, al menor costo posible. Es el mundo de las tecnologías específicas y, de manera particular, de la gerencia profesional. Mientras la presencia del político en el plano de la política (estrategias de desarrollo) es esencial y pertinente, en el plano tecnocrático puede ser catastrófico. Es lo que explica las crisis de la Caja, de JAPDEVA, del ICE, de RECOPE y de todas las instituciones públicas.

Para ser más concreto, el mundo de la política sanitaria debería estar donde la Constitución Política lo ubica, a nivel del Ministerio de Salud y de la Presidencia de la República. Pero la CCSS no es, no debería ser una entidad política. Es la ejecutora por excelencia de la política de salud  y, por tanto, debería estar en manos de gerentes competentes, nombrados con carácter indefinido, ya que ninguna empresa de la complejidad y tamaño de la Caja puede sobrevivir gerenciada por políticos, carentes de las competencias necesarias y nombrados, con suerte, por un máximo de cuatro años. O por Juntas Directivas, modelos inadecuados de gestión, creación de la imaginación jurídica que ha enredado toda la administración pública.

En la Caja, al igual que muchas instituciones públicas, incluidos los ministerios, no se distingue el campo político del tecnocrático. Cómo el político no se enfoca en la política, para lo que sí tiene competencia, fracasa en generar políticas de estado. Y como nuestro modelo lo responsabiliza por la conducción de todo el aparato productor de servicios de salud, para lo cual no tiene competencias, el resultado no puede ser otro que la crisis en que hoy sufre la seguridad social y muchas otras instituciones esenciales para nuestro desarrollo, como el MOPT, el ICE, JAPDEVA y RECOPE. Las más afortunadas tienen la posibilidad de ocultar la crisis en incrementos presupuestales o tarifarios, que el torturado bolsillo de los costarricenses paga y que nuestro desarrollo sufre.

En consecuencia, las soluciones a la crisis de la CCSS, al igual que de otras instituciones públicas, empiezan por sacar el factor político de la tecnocracia. Se trata de organizaciones complejas que requieren de gerentes altamente competentes, estables mientras dure la calidad del desempeño. Y esto es un problema estructural de nuestro Estado. Más allá de ello, la respuesta tecnocrática debería abocarse a los equilibrios del modelo de prestación de servicios. Hay suficiente evidencia en el campo de la gestión de servicios de salud, para retomar un modelo sustentado en el enfoque de Atención Primaria en Salud, que ofrece la mejor relación de beneficio social y costo, con un fuerte énfasis en la protección de la salud. Nuestro modelo actual está invertido: privilegia la recuperación de la salud perdida, sobre su preservación o, como se dice en la jerga salubrista, es un modelo predominantemente clínico. Muy costoso y de bajo beneficio social.