¿Neoliberal quien?

Este neologismo se usa en el entorno político para descalificar o desprestigiar la posición de algunos movimientos de centro izquierda. Tratándose de la retórica política partidaria, por cierto bien desprestigiada, vaya y pase. Pero cuando se pretende hacer un análisis serio, es hora de pedir un poco más de rigor. Por ejemplo, un artículo del Sr. Ottón Solís, aparecido recientemente en La Nación, señala: “Los analistas de los organismos financieros internacionales y los políticos neoliberales de la región atribuyen ese desempeño positivo (en crecimiento económico) a la puesta en práctica de las políticas derivadas del denominado Consenso de Washington”, para luego ubicar a Costa Rica y otros países entre los que siguen una línea de pensamiento neoliberal y confrontar sus éxitos (o fracasos) con los países de “orientación Alba”. La corta cita está llena de impresiones ¿Cuáles analistas? ¿Cuáles órganos financieros? ¿En qué consiste la orientación Alba?

La imprecisión abarca otros conceptos. No sabemos exactamente cuál es la posición ideológica de don Ottón, cuyo movimiento don Alberto Cañas caracterizó alguna vez por la presencia de dos elementos: el de la reforma administrativa y la ética. Tampoco sabemos en cuál es el criterio que aplica para ubicar a Costa Rica entre varios países considerados neoliberales, que luego confronta con los de orientación Alba pero no nos dice que cuál es esa orientación. Eso sí, se cuida de dejar por fuera de su análisis a países como Brasil, Argentina y Perú. Es aparente por el contenido de su artículo, que don Ottón crea la figura de la orientación Alba para disociarse del chavismo, que ha invadido el PAC y distanciarse del neoliberalismo, cualquiera sea el entendimiento que él tenga de esa corriente.

Nosotros creemos que Costa Rica no es un país que pueda llamarse neoliberal, como tampoco lo han sido los gobiernos liberacionistas y más precisamente las dos administraciones Arias Sánchez, blanco común de algunos militantes del PAC o de desafectos liberacionistas que han buscado espacio en esa agrupación. Pero a diferencia de don Ottón, ofrecemos los criterios para justificar nuestra posición.

Nuestra argumentación es que, si tomamos los conceptos centrales del Consenso de Washington, posiblemente la expresión más clara del neoliberalismo, y los asociamos con nuestro país, encontramos en las características de nuestro Estado y de nuestro desarrollo una serie de elementos que entran en conflicto directo con la filosofía neoliberal. Veamos algunos: 1) somos un Estado grande, que absorbe casi la mitad del PIB; 2) las circunstancias de nuestro desarrollo han producido una serie de situaciones que se resuelven al margen del mercado. Tal es el caso del costo de los servicios profesionales cuyas tarifas están definidas por acción sindical, a través de los colegios profesionales; 3) varias entidades regulatorias determinan el costo de una variedad de servicios públicos, incluidos electricidad y comunicaciones; 4) la mayor cobertura bancaria proviene de bancos públicos; 5) el valor de nuestra moneda lo define el Banco Central, al igual que las tasas de interés; 5) los servicios eléctricos siguen siendo monopolio  público y la organización responsable, ICE, participa en el mercado de internet y telefonía móvil; 6) salud y educación son predominantemente servicios públicos; y 7) casi la mitad de nuestra superficie son parques nacionales, inaccesibles a la actividad privada.

Por otra parte, el principal objetivo político del PAC sigue siendo el Arismo, al que también se le acusa de neoliberal. Es bueno recordar que fue Oscar Arias el que lideró el enfrentamiento de los grandes imperios (gringo y ruso) para impulsar la paz en Centro América. Pero más específicamente ¿es posible llamar neoliberal a un gobierno con la siguiente obra?: 1) reducción de la pobreza, por política pública, en 3,5 puntos porcentuales, por primera vez desde la década de 1980. La crisis se llevó esa conquista, pero igual se demostró que se puede reducir mediante acciones concretas gubernamentales; 2) 166 mil jóvenes becados con el programa público Avancemos; 3) más de 90 mil personas reciben una pensión del régimen no contributivo, incrementada en casi un 400%; 4) más de 19 mil familias favorecidas con bonos de vivienda; 5) mantenimiento de una política de salarios crecientes para el trabajador; 6) crecimiento de la inversión en infraestructura educativa de más del 300%; 7) mayor asignación de recursos a educación hasta llegar a un 7,2 del PIB; 8) inversiones en salud: un centenar más de CEN-CINAIS, nuevos hospitales de Heredia y Osa y mejoras sustanciales de otros; y 9) indicadores de desarrollo humano entre los mejores del mundo, incluyendo las coberturas públicas en educación en salud más altas del continente. Agréguese a todo esto, la inversión en infraestructura física que en el corto y mediano plazo corregirá una de nuestras principales debilidades en materia de competitividad.

Nos parece falaz que don Ottón haya utilizado la orientación Alba (¿?) como recurso para disociarse de los chavistas que han invadido el partido que él fundó, por una parte; y, por otra, que haya aceptado la ubicación de nuestro país entre los de corte neoliberal, sin proporcionar los criterios aplicados para ello. Diríamos que tuvo un desliz ético, al emplear dos categorías de análisis, de cuestionable sustento, para crear una ficción ideológica (su posición con respecto a ambas). En nuestro país se ha creado otra ficción, la de que hay algún tipo de socialdemocracia verdadera, que en algún momento se practicó y que ahora hemos abandonado. Es cierto que el entorno global ha generado todo un conjunto de circunstancias que obligan a los países a encontrar nuevas respuestas a los retos nacionales. Y también que algunos de los instrumentos que alguna vez empleamos son hoy inadecuados a esas circunstancias. Pero el ajuste de los instrumentos sólo busca, en el nuevo entorno, encontrar la mejor vía para lograr  el beneficio de las mayorías. Seguimos fieles a la aplicación del viejo principio que se atribuye a don Pepe Figures: producir con eficiencia y distribuir en equidad.