¿Quiénes son los mejores docentes?

XIMENA MIRANDA GARNIER

En respuesta a esta pregunta, creo que todos estaríamos de acuerdo en que lo que llamamos “vocación”, es clave.  Sólo las personas que disfrutan de contribuir con el aprendizaje de niñas, niños, jóvenes y adultos, en diversos contextos, desarrollarán la creatividad necesaria para enfrentar los retos emergentes y promover el éxito de sus aprendices.

Posiblemente porque la “vocación” es difícil de medir, los sistemas educativos le han dado mayor importancia a otras variables.  Por muchos años y en muchos países incluyendo Costa Rica, se ha dado prioridad siempre a la experiencia y la formación en educación.  ¿Cuántos años le ha dedicado una persona a trabajar en cierto contexto educativo?¿Cuántos títulos universitarios tiene en diferentes ramas de la educación? La respuesta a estas dos preguntas supuestamente nos indicaría quienes son los y las mejores.

Sin embargo, un artículo reciente de la Revista Scientific American nos invita a cuestionar si estas dos cualidades son tan determinantes en la efectividad de un educador como se ha pensado. Pat Wingert (agosto 2012) resume una serie de investigaciones sobre educación primaria y secundaria que responden al bajo rendimiento de la educación pública en Estados Unidos. Los resultados indican que los años de experiencia del docente no tienen una relación significativa con el éxito de los estudiantes.  Parece que las destrezas de las y los nuevos profesores típicamente aumentan y se desarrollan solo por unos pocos años.  Además, los títulos universitarios en educación de los docentes tampoco se correlacionan con mejores resultados.

¿Entonces, quiénes son los mejores profesores? En estas investigaciones, resultaron ser quienes tenían un título, de bachillerato o posgrado, en la materia que impartían, y no los que tenían muchos títulos en educación. Por ejemplo, una de las mejores maestras de matemáticas de las escuelas públicas de Nueva York, no tenía mucha experiencia en el aula, ni maestría en educación; pero sí un bachillerato en matemática aplicada y experiencia en una empresa de ingeniería.  El dominio de la disciplina por parte del docente, fue lo que más predijo el éxito de sus estudiantes. La presencia de un docente con esta característica logró hacer que ni el tamaño de la clase, el diseño curricular, el nivel educativo de los padres o el estatus socioeconómico fueran tan significativos.

Debido a que en Costa Rica la formación docente y el sistema de selección y premiación de maestros se enfocan principalmente en materias generales sobre el proceso de la educación, y no tanto en el conocimiento profundo de las disciplinas que se imparten, estos resultados son importantes. Bien podríamos seguir el ejemplo del Proyecto UTeach,  cuya meta es preparar docentes con dominio de las diversas ciencias y las matemáticas.  Ofrece a estudiantes universitarios de primer año en carreras científicas, dos talleres gratuitos de entrenamiento en educación por medio de mentores. La práctica con estudiantes se realiza desde el principio, y esto ha hecho que después de 5 años el 82% de quienes se graduaron de este programa todavía están enseñando.  Al final del programa, se gradúan con un bachillerato en Química, Biología, Física, Matemática, o aquella carrera científica que seleccionaron, y además aprueban los cursos necesarios para una certificación que les permite trabajar en docencia en escuelas y colegios.

Otro buen ejemplo es TNTP (The New Teacher Project), que se enfoca en personas de carreras científicas, de entre 20 y 30 años, que están buscando la forma de diversificar los posibles contextos en los cuales podrían trabajar.  El proyecto les ofrece entrenamiento gratuito, y luego obtienen una maestría en educación mientras están ya trabajando en escuelas y colegios.

Son dos buenos ejemplos de los cuales tenemos mucho que aprender, especialmente exitosos porque logran atraer a la profesión docente, personas que ya tienen gusto por las ciencias y un nivel avanzado de conocimiento científico.  Se les da una formación de alta calidad en educación, pero esto se hace reconociendo que hay un límite en el número de años y en la inversión en estudios que estas personas son capaces o están dispuestas a hacer en cuanto a su educación formal. No podríamos pretender que para lograr estos perfiles, los docentes tuvieran que sacar dos, o más, carreras completas antes de empezar a trabajar.

UTeach y TNTP también son especialmente efectivos porque cambian la tradición de los programas de estudios en educación que dedican demasiados años a la teoría, y muy pocos a la práctica. Estoy de acuerdo en que dominar teoría educativa es importante, pero actualmente se ha perdido el balance entre la teoría y la práctica. También es cierto que al realizar la práctica desde un principio, y no al final de la carrera, se aumenta la probabilidad de que descubran temprano si realmente les gusta la docencia.  Finalmente, otra ventaja es que al ofrecer los talleres y cursos sobre docencia dentro de escuelas o facultades científicas, se amplía la gama de estudiantes que podrían encontrar su vocación en la enseñanza.  Sería un gran avance que las universidades estatales y privadas ofrecieran programas similares en Costa Rica.

Ximena Miranda Garnier – ximena@post.harvard.edu