¿Mantiene validez Keynes? ¿Tiene aplicación en Costa Rica?

Saúl Weisleder, economista, nos da la respuesta a estas preguntas, mientras analiza los aportes del economista y Premio Nobel Paul Krugman, en un artículo de opinión que publica La Nación (ver AQUÍ), la cual también reproduce con regularidad los artículos de Krugman. El tema es de gran trascendencia por las circunstancias de crisis que vive el mundo y de cara a dos enfoques fundamentales, reconocidos en EE UU como el enfoque de la economía de la demanda, en contraposición de la economía de la oferta. Esas posiciones caracterizan a los demócratas y republicanos, respectivamente, y está presente en la Unión Europea en la discusión sobre el estímulo al crecimiento. La cuestión fundamental es si, bajo las actuales circunstancias de crisis (lento crecimiento económico o franca recesión en varios países), conviene reducir el gasto fiscal y el impuesto corporativista. Obviamente, la posición contraria consiste en estimular la demanda con mayor gasto fiscal y hacer que los sectores más ricos incrementen su aporte tributario.

Dos párrafos del artículo en referencia aclaran la temática. “La caída de la demanda global, por la crisis, ha sido tan drástica, que no solo las municipalidades están recortando los servicios a los que están obligadas, sino que algunas están por declararse en bancarrota. El aumento del desempleo y el agotamiento de los subsidios a él ligados, han deprimido los pequeños negocios y las economías locales. Con tasas de interés cercanas a cero y baja inflación, en una perspectiva keynesiana típica, sustentado en evidencia histórica, Krugman ha insistido que el estímulo en el corto plazo ha de venir del mayor gasto federal, para compensar la caída de la inversión privada, pues sin demanda efectiva, no hay suficiente mercado para los productos”.

“Ante estas circunstancias, medidas que redistribuyan el ingreso a favor de grupos medios y bajos, permitirían ampliar el mercado y restaurar la confianza para que las empresas puedan expandirse. Lo contrario, como propone la ortodoxia: reducir impuestos de las corporaciones, carece del impacto positivo necesario sobre la demanda agregada, al concentrarse más el ingreso (aún para los muy ricos, la capacidad de consumo tiene límites). En este escenario es muy posible que no aumenten las utilidades de los sectores productivos, pues ellas dependen del aumento de sus ventas, que sin mayor poder adquisitivo de los consumidores, sería muy débil”.

Saúl también se refiere a la situación de nuestro país, al señalar que “tenemos algunos problemas similares y otros distintos. Entre los primeros, la insuficiencia de ingresos públicos y de distribución de la carga tributaria. Pero debemos admitir que también tenemos un problema de gestión del gasto (y de los ingresos), desde hace muchos años (con variaciones periódicas), que no debe obviarse. Pero de ninguna manera se debe caer en el error de recortar gasto público indispensable para invertir en todo lo que nos da: competitividad, estabilidad social y oportunidades de desarrollar el potencial creativo de una población que vive en un país que ha alcanzado grandes logros, gracias a políticas previsoras de largo alcance”.

Coincidimos con el planteamiento de Saúl. Agregamos además que La Fragua en sus artículos y editoriales ha sugerido la conveniencia de mantener el crecimiento del gasto en áreas como infraestructura, educación, tecnología, investigación y sobre todo infraestructura, una de nuestras principales debilidades competitivas. También nos hemos manifestado en mantener y construir nuevos escudos que prevengan un deterioro del nivel de vida de los sectores más vulnerables. Si hemos combatido el alto costo de la ineficiencia pública, producto de un régimen laboral de privilegio que precisamente limita el crecimiento del gasto con potencial de incremento en competitividad y crecimiento.

Reiteramos nuestra reconocimiento a Saúl Weisleder por su excelente artículo, el cual constituye un claro aporte relevante a las circunstancias de crisis económico que afecta a la mayoría de los países del mundo y que impactan en el bienestar social de la población.