AGRADECIMIENTO

Dr. Guido Miranda G.

El pasado 17 de setiembre el Dr. Guido Miranda Gutiérrez fue distinguido por la UCR con el premio Rodrigo Facio. Por su relevancia hemos considerado de interés general publicar su discurso. Lleva el título de Agradecimiento, término que expresa el sentimiento que miles de costarricenses quisiéramos manifestarle a don Guido, por muchas razones pero, quizás la más importante, por su aporte a la salud pública costarricense, posiblemente el mayor que persona alguna haya hecho en nuestra historia.

Estimado señor Rector, Estimados Miembros del Consejo Universitario, colegas y amigos todos: para quienes hemos convivido el mundo académico, recibir el premio Rodrigo Facio que otorga la Universidad de Costa Rica, constituye uno de los más señalados honores.  Debo agradecer con la mayor intensidad de mis sentimientos que les aseguro no soy capaz de expresar, la alegría que en mi fuero íntimo despertó la noticia que me comunicó el señor Rector, para compartirla de inmediato con mi esposa, mis hijos y los muchos amigos que también se han alegrado. Y acreciento mi orgullo si este señalamiento me hace comparable con la galería de los premiados anteriores y sentirme al lado de la rigurosidad ética de Manuel Mora, del idealismo institucional de Jorge Manuel Dengo, o la devoción literaria de Isaac Azofeifa y de las virtudes reconocidas de los otros premiados anteriores.

Así como recibo este premio, en el marco de la conmemoración este año de los 72 años de  aprobación de la Ley para la creación del la Universidad de Costa Rica, también podría intentar celebrar, si quedaran suficientes sobrevivientes, los 70 años de la graduación de Bachilleres del Liceo de Costa Rica de 1942. Hago esta referencia porque vivir 87 años puede dar muchas satisfacciones y le recomiendo a cada uno de ustedes que se empeñen y se esfuercen para lograrlo. Porque conozco esta casa desde su antiguo asentamiento en el potrero de los Gallegos y comencé a visitar este Campus muy temprano, utilizando el edificio todavía en construcción de la futura Escuela de Medicina. El Dr. Peña Chavarría, por muchos años Director del Hospital San Juan de Dios, era diputado del Congreso Nacional en el período 48-52, y tomó la iniciativa para hacer aprobar un impuesto de recaudación inmediata, para la construcción del edificio. Tan pronto pareció conveniente, el Colegio de Médicos y Cirujanos estableció una Comisión Especial para colaborar con la Universidad en la organización de las Cátedras, el personal que las compondrían y los programas de estudio. Tuve el privilegio de pertenecer a esta Comisión y trabajar por sus objetivos.

Años después, ya en 1966, con el Dr. Manuel Aguilar Bonilla y otros entusiastas, tuvimos que forcejear fuerte hasta que logramos incorporar los campos clínicos del Hospital Central del Seguro Social a la docencia del tercer nivel y del internado universitario; para entonces me inicié como Jefe de Cátedra y Profesor de Medicina Interna en el Hospital Central y en 1969, nos trasladamos al nuevo Hospital México. Cuando se aprobó la Ley para el traspaso de todos los hospitales del país a la Caja para constituir el Sistema Hospitalario Nacional, tuve la satisfacción de firmar un convenio con mi amigo el Rector Eugenio Rodríguez para poner todos los campos clínicos de los hospitales a disposición de las necesidades docentes de la UCR, no solo de Medicina, sino las de todo el Sector Salud. Para entonces nos pareció conveniente centralizar todas las actividades institucionales de docencia e investigación de la Caja y construimos el Centro de Docencia e Investigación del Seguro Social, el CENDEISS, que inauguramos en 1974. Todo ese tiempo  me dio la oportunidad de ver a nuestras abuelas, con aquella entrega y devoción de aceptar los hijos que Dios mandara, que apenas pudieron duplicar la población de 1900,  de 400 mil habitantes, para llevarla a 800 mil, en 1950.

Por las especiales circunstancias de haber formado parte del grupo de desarrollo que encabezó Rodrigo Facio, en donde la convicción de luchar por una sociedad más justa e igualitaria, vimos con asombro como en los mismos 50 años siguientes, del 1950 al año 2000, las nuevas madres, con el mismo esfuerzo para parir pero con menos sacrificio social por una tasa de natalidad mucho menor, quintuplicaron la población y los 800 mil criollos iniciales, llegamos a 4 millones.

La mortalidad infantil, de más de 125 niños muertos por cada mil nacidos vivos, cayó a menos de 10. Y todos sabemos que estos recién nacidos nuevos no eran mejores que los anteriores; simplemente no tuvieron niguas ni lombrices, ni se contagiaron para morir de gastro, sarampión, tuberculosis o malaria. Como un premio para ver otros excelentes resultados, la expectativa de vida subió de 55 años a 80 años y el ingreso per cápita, aunque fuéramos mas, pasó de 400 dólares anuales, a más de 4 mil dólares, creando una sociedad nueva, con tarjeta de crédito y totalmente diferente. En el primer tiempo los de mayor crecimiento eran los niños y los adolescentes; de hoy para adelante serán los adultos mayores, que están entrando a una sociedad que perdió la garantía de la vivienda propia para el salario menor por la inoperancia del INVU, en donde su ingreso económico garantizado para una pensión tiene tantos nubarrones como la prestación de servicios médicos de la Caja de Seguro Social para toda la población.

Les menciono estas cifras porque esta casa del conocimiento tiene que mantener muy vigente el significado de su responsabilidad social. En el primer período la Universidad de Costa Rica nos dio a sus profesores y estudiantes un papel protagónico que tratamos de desempeñar en la mejor forma posible y la consigna era que teníamos que producir un graduado que fuera un agente para el cambio social, para lograr una sociedad progresista, justa y que hiciera realidad la promesa democrática. Cuando hoy observamos y sentimos angustia con el día a día de violencia que estamos incubando al atentar flagrantemente contra la equidad comunitaria y los que siempre fueron nuestros valores, observamos los indicadores demostrativos de cómo se ahondan continuamente las brechas sociales, miramos hacia esta casa de estudio que tiene todos los instrumentos para crear la realidad de los escenarios futuros y sentimos que  no puede evadir su lucha por la calidad del nuevo conocimiento. El éxito obtenido despertó intereses que han resultado paralizantes. No hemos sido capaces de introducir las reformas necesarias para adaptarnos a los éxitos y cambios de la nueva realidad. Somos un país pequeño y de recursos muy limitados. Y en nuestro caso la ignorancia no es disculpa. Tanto es así que en 1991, hasta se nombró una Comisión para la Reforma del Estado, la reconocida COREC, con su respectivo Ministro. De su trabajo no quedó ninguna huella y mucho menos de la necesitada propuesta de reforma.

Nos decía el Vice Rector del Instituto Tecnológico de Cartago, en la acreditación de la carrera de Ingeniería en Informática que con alegría  se celebraba en la vieja Escuela de Agricultura de Santa Clara de San Carlos, transformada ahora en sede académica para la Región del Norte, que la investigación y el desarrollo acelerado del nuevo pensamiento duplica el conocimiento humano cada cinco años, pero que dentro de 5 años, la duplicación se producirá cada 6 meses, por lo que desde ahora se vuelve prioritario enseñar y aprender a seguir aprendiendo. No puede uno menos que preguntarse si nuestra enseñanza, para seguir siendo de calidad, hace y logra que nuestros alumnos aprendan a seguir aprendiendo, de modo que sus acciones como ciudadanos,  que deben ser producto de todo lo aprendido, los capacite para interpretar los nuevos tiempos y marchar a la vanguardia del desarrollo para que sus acciones los instrumenten para mantener y construir comunidades en que sus miembros tengan evidencia clara que poblar la geografía nacional produce una segura alegría en el espíritu.

Este país es nuestro mundo real de hoy y de mañana. La calidad de vida de nuestras comunidades es el producto de nuestras propias decisiones. Es cierto y estamos orgullosos que en Liberia, Franklin Chang haya sacado el ganado de los viejos corrales para construir los nuevos talleres para preparar el motor de plasma para el futuro viaje a Marte, pero no les aconsejo que esperen prioridades para un asiento en los cohetes, porque no será una respuesta para la mayoría, que dependerá de la calidad de su enseñanza, que seguirá siendo la ventana para el futuro y el periscopio para escoger y encontrar las rutas a la continuidad del cambio. Esta casa del conocimiento, que con su labor  reconocida ganó en el medio siglo anterior el prestigio que hoy la distingue, tiene muchos cerebros que saben que mantener ese prestigio  no es gratuito y que se debe hacer el sacrificio que exige la distinción y el ejemplo. En uno de los trabajos de investigación utilizados para preparar el decimosexto informe del Estado de la Nación, quedó claro que el último cambio de importancia en el curriculum de la educación secundaria se hizo en 1970. Y fue parcial porque no se aceptó la introducción de la educación sexual y seguimos anotando en nuestras estadísticas de hoy, 40 años después, que tenemos al menos 500 partos en chiquillas menores de 15 años.

Quiero cerrar mis palabras reiterándoles mi agradecimiento, el de mi familia y el de mis amigos, por esta distinción. Si quiero dejar claro que mi generación siente que ya jugamos el tiempo del partido que nos correspondió y que hasta aquí, vamos ganando. De taquito, les pasamos la responsabilidad a ustedes, los nuevos jugadores que con mejores recursos, tienen el deber asegurar la victoria. En la medalla de oro que podrán recibir está grabada la sonrisa de sus nietos y el respeto de sus conciudadanos.