¿Se podrá…?

editorial 150x150 ¿Se podrá…?A juicio de la mayoría de los analistas, o peor, a criterio de los medios de comunicación, el país se nos cae a pedazos. Sin tomar en cuenta los sectores de izquierda radical que tienen una posición “anti”, sistemática, muchos políticos nos quieren convencer de que estamos en situación catastrófica. A los medios les gusta este planteamiento, que difunden por su potencial amarillista y rentable. Les interesa alimentar su cultura inmediatista, en la que el mañana o el día siguiente no cuentan. Y todo ello cae en el terreno abonado de una conciencia colectiva, propensa al hipercriticismo ¿Corresponde esta percepción política, mediática y en gran medida colectiva a la realidad costarricense? Seguro que tenemos problemas serios, pero el negativismo que permea nuestra sociedad no corresponde objetivamente a nuestra realidad social, económica y política.

Frente al negativismo prevalente, preguntamos ¿No es objetivamente evidente que nuestra democracia nos ha favorecido con un nivel de desarrollo que nos distingue positivamente de la mayoría de los países de la región de América Latina y el Caribe (ALC)? A partir de la segunda mitad del siglo pasado, el país logró enormes avances en salud, educación y desarrollo de nuestra economía; y logró elevar el bienestar de nuestra población en forma sustancial. Antes, la expectativa de vida terminaba en los 50 años, sufríamos de desnutrición y de enfermedades que hoy han desaparecido de nuestras estadísticas. Constituíamos un sociedad campesina, pobre, con una economía cerrada que no ofrecía mayores oportunidades de movilidad social y económica. Hoy la mayoría de los trabajadores se encuentran en el sector servicios, bien remunerados, gracias a la alta escolaridad que sigue manteniendo el país y una multitud de pequeños y medianos empresarios son parte importante del sector exportador. Seguimos arrastrando niveles de pobreza y vulnerabilidad importantes, pero son inferiores a la mayoría de los países de la región.

El mundo se encuentra inmerso en una profunda crisis. Europa se encuentra en recesión y los EE UU, con bajos niveles de crecimiento y una desocupación elevada. En contraste nuestro país crece, posiblemente alrededor del 5% y la pobreza se mantiene donde ha estado históricamente. Los niveles de exportación, cercanos a los $15 mil millones han sorprendido hasta los más optimistas. El índice de competitividad global mejora, fundamentalmente por el aporte de salud, educación y creatividad. Es segundo en la región de ALC, detrás de Panamá que ocupa el primer lugar. Nos deficiencias se centran en infraestructura, tramitología y acceso al crédito.

Tenemos otros problemas, sin duda alguna. Pero estos se centran en el déficit fiscal, alimentado por un régimen laboral público oneroso y cargado de privilegios. Y en la llamada ingobernabilidad, relacionada con el problema anterior. A pesar que el país invierte algo cercano a la mitad de su PIB en el aparato estatal, éste es deficiente y los costos de la ineficiencia, que se cuentan en los miles de millones de dólares por año, podrían resolver ese problema fiscal y constituirse en el principal impulso a un nivel de desarrollo y bienestar superior para todos.

Sí se puede, en el corto plazo, atender algunos de estos problemas e impulsar al país a esos niveles de desarrollo y bienestar que sabemos posible. A quienes comparten el pesimismo crónico que parece embargar al país, les hacemos dos predicciones. La primera es que, a pesar de las críticas reflejadas en las encuestas, el actual gobierno terminará con una notable inversión en infraestructura, una de las deficiencias sobresalientes al valorar nuestra competitividad. Piense usted, amigo lector: en materia de carreteras, se ejecutan los proyectos Cañas-Liberia; San Carlos; Chilamate y están procesándose la posible reconstrucción de la carretera a San Ramón y una ampliación a 4 carriles de la ruta 32 a Limón. En conjunto estos proyectos posiblemente superen los $1000 millones. Pero además están en proceso de iniciarse el nuevo puerto de contenedores de Moín a un costo de más de $1000 millones; Limón Ciudad Puerto; la refinadora, otros $1000 millones y el puerto granelero en el pacífico. Agreguemos a ello que el país tendrá que invertir en los próximos años varios miles de millones de dólares en producción de energía eléctrica. Y, a pesar de la crisis, la inversión social se mantiene en áreas como educación y salud, a la vez que hay avances importantes en seguridad.

La segunda predicción es que, nuestro mayor problema, la ingobernabilidad, encontrará solución antes del 2018. Hay razones para esperarlo. Primero, podríamos apostar a la propuesta de cambio que tendrá que presentar en noviembre la junta de notables que la Sra. Presidente ha nombrado. Irá acompañada, como ocurre siempre en democracia, de muchas consideraciones políticas y un camino pedregoso para lograr su implementación. Además, no conocemos la profundidad de las propuestas, a la vez que el proceso político, especialmente en el plano legislativo, se enfrentará al interés cortoplacista de los distintos movimientos políticos. Pero, en el peor de los casos, la propuesta de los notables será una oportunidad para que el país discuta la reforma que se avecina.

A pesar de algunos focos de resistencia, especialmente de corrientes neo-estatistas (origen mismo de la crisis), parece existir un amplio consenso de que una reforma sustancial es inevitable. Si el planteamiento de la administración Chinchilla Miranda fuera insuficiente o que encuentrara tropiezos políticos inmovilizadores, las perspectivas electorales sugieren, que esa reforma seguirá siendo la principal prioridad en el período 2014-1018; y que existe la disposición política y el apoyo civil necesario para concluirla con éxito.

Superado el principal obstáculo a nuestro desarrollo, la sociedad costarricense recuperará su confianza en nuestra democracia, el pesimismo será derrotado, el país habrá alcanzado su potencial y la pobreza y la vulnerabilidad cederán a niveles mínimos ¿Sueños? Seguro, pero sustentados en expectativos realistas y la capacidad histórica del país para enfrentar con éxito grandes decisiones ¿Se podrá?