Assange, Watson y la institucionalidad democrática

El australiano, Julian Assange, acusado por dos casos de presunto abuso sexual en Suecia, rehúsa enfrentar la justicia y se asila en la embajada de Ecuador en Londres. El canadiense Paul Watson hace lo propio, requerido por la justicia costarricense por presuntos ataques a una embarcación y poner en riesgo las vidas de varios costarricenses. Se fuga de Alemania, donde había sido detenido y liberado bajo una fuerte fianza de $250 mil y medidas cautelares.

Ambos casos han suscitado la atención mediática a través del mundo. Los grupos ecológicos se han manifestado a favor del canadiense, mientras otros activistas apoyan a Assange. La confrontación entre Ecuador e Inglaterra, parece haber  cedido, a juzgar por las recientes palabras amistosas del presidente Correa según las cuales la fricción entre ambas naciones es un asunto superado.

Pareciera que hay gente que considera que su misión es tan importante que está por encima del estado de derecho nacional e internacional, aunque sus respectivos juicios son por delitos comunes en Costa Rica y en Suecia, al margen de otras actividades que les ha deparado fama y visibilidad. Según algún video desplegado por los medios en Costa Rica, la agresión de Watson puso en serio riesgo la estabilidad de una barca y las vidas de su tripulación costarricense. No hay evidencia visible de que esta barca estuviera “aleteando” tiburones, pero en todo caso el tema es otro ¿De dónde deriva el Sr.  Watson y su bien equipada embarcación la autoridad para atacar a otra embarcación? Es posible que algún fanatismo extremo haya alimentado esa acción y, por ello, Watson debería confrontar nuestro justicia, porque ocurrió en nuestro territorio.

¿Hay algún paralelo entre ambos casos? No sabemos si Assange ha cometido algún delito al penetrar sistemas de información privados, porque la Ley no parece clara en este sentido. Sí es notable y, además importante, que Assange ha atacado con su Wikileaks a países que tienen debilidades propias de sistemas abiertos, democráticos. Tienen además, instituciones para proteger el interés público, cuando esa información deba hacerse pública por alguna circunstancia legítima, si así lo decide su institucionalidad. Es un ataque que sólo se puede hacer a un país en democracia. No hay, a la fecha, información importante que Assange haya hecho pública en regímenes de corte autoritario, imaginamos porque son más cerrados, difíciles de penetrar. Sin embargo, lo central en el caso Assange, son dos acusaciones por abuso sexual que presuntamente había ocurrido en Suecia. Y es posible que se resuelva de acuerdo con justicia inglesa y que Ecuador acepte esa decisión.

En ciertos sectores extremos ha habido apoyo y simpatía por ambos personajes. Esto nos parece delicado, porque involucra una valoración selectiva de la democracia, según la cual habría temas que estarían por encima de la institucionalidad y de la justicia. O peor, habría ciertos personajes que pueden delinquir impunemente, por sus asociaciones con temas de alguna naturaleza especial. Es decir, la justicia al servicio de determinados intereses. Por supuesto, es lo ocurre en algunos regímenes donde la independencia de los distintos poderes del Estado está siendo asediada, pero no debería ocurrir en estados auténticamente democráticos.