Equidad ¿Cómo incrementarla?

Hemos Ganado en cobertura del acceso al principal recursos de nuestra época: el el conocimiento y la tecnología. Según el VI Censo Nacional de Vivienda, que publicó ayer el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) el porcentaje de viviendas ocupadas con computadora, subió del 15% al 46% entre el año 2000 y el 2011. También hemos avanzado en las coberturas de agua y electricidad, al pasar en mismo período la primera de 89% a 93% y la segunda de 97% a 99%. Según los mismos datos, una tercera parte de la población tiene acceso a Internet.

La inequidad también persiste. Estas notables mejoras no llegan con la misma intensidad a los sectores donde se afinca la pobreza y la inseguridad. Pero las noticias en este sentido no son tan malas. En electricidad se cubre prácticamente toda la población, aunque el cantón con mayor rezago es Talamanca (84% de las casas no tienen electricidad). En Matina o Sarapiquí la cobertura de la TV por cable sólo alcanza el 7%, mientras en los distritos urbanos la cobertura supera el 70%. El acceso a Internet en cantones como Matina, Upala, La Cruz, Los Chiles y Guatuso es inferior al 10%.

No es difícil mejorar los niveles de equidad. Es importante saber donde se ubican a los sectores poblacionales desfavorecidos, lo cual es evidente a través de los resultados de estudios como los censos del INEC. Luego hay que focalizarse en los servicios esenciales que puedan hacer una diferencia sustentable en calidad de vida. Pero hay que hacerlo con visión de mediano y largo plazo, porque la equidad llega a través de procesos sucesivos y efectos acumulados en el tiempo. Además, debería de hacerse con sentido estratégico, es decir, seleccionar aquello que tiene un mayor impacto en desarrollo y calidad de vida.

Tampoco hay carencia de recursos. Lo que hay son niveles de despilfarro en las organizaciones públicas, que La Fragua ha estimado en miles de millones de dólares por año. Se hace necesaria una reforma institucional que nos permita recuperar el costo de la ineficiencia para canalizar los recursos en beneficio de los sectores con mayor vulnerabilidad. No podemos mantener privilegios especiales para determinadas clases de trabajadores improductivos, mientras otros sufren las consecuencias de la inequidad.

Las comunicaciones son un factor de desarrollo y bienestar. Hemos ido mejorando, especialmente durante el período 2006-2010, la infraestructura carretera en los principales ejes de comunicación del país. Deberíamos ahora concentrarse en las regiones donde se asienta la pobreza, por ejemplo Los Chiles, Guatuso y Talamanca. Se trata de zonas muy ricas en materia agrícola-ganadera, pero además con un gran potencial turístico. Las vías de comunicación pueden significar una inyección de recursos, especialmente si se acompañan como posibilidades especiales de financiamiento. Y decimos posibilidades especiales, porque nuestros sistemas, incluida la Banca de Desarrollo, parece diseñada para negar el financiamiento del desarrollo.

Por otra parte, situaciones como La Cruz y Matina no tienen un problema serio de comunicaciones, sino más bien acceso a los mercados de trabajo. El factor crítico en ese caso es una educación con énfasis en métodos digitales e inglés, dos factores hoy esenciales en cualquier trabajo. Diseñar programas para implementarlos en forma intensiva en estos y otros lugares con el mismo perfil de situación no debería ser difícil para el MEP y otras instituciones docentes. Mejor aún si el Estado pudiera impulsar inversiones propias o en asociación con el sector privado para generar empleo/ingresos.

No pretendemos sentar cátedra sobre cómo combatir la pobreza y la vulnerabilidad de miles y miles de compatriotas. Sólo decimos que si logramos focalizar acciones apropiadas a cada circunstancia, podríamos lograr avances importantes. Ya se hizo en el período 2006-2010, cuando se bajó al 16%, logrando golpear el tradicional 20% que veníamos arrastrando desde la década de 1980. Se probó entonces que una política pública bien orientada puede lograr notables cambios, tal vez más rápido de lo que expertos y analistas creen posible. El compromiso con las mayorías que, retóricamente, está presente en el discurso político, justifica acciones concretas que lo acompañen.