Maldición o bendición de los recursos naturales para Costa Rica

La posibilidad de explorar y explotar nuestras reservas de hidrocarburos, quedó archivada después de una rápida reacción negativa de unos cuantos grupos de ecologistas y de algunas agrupaciones políticas, especialmente el PAC. Hace muy poco, Industrias Infinito abandonó nuestro país, que frustró la explotación del oro en el proyecto reconocido como Crucitas. El proyecto fue criticado desde Nicaragua por representar un riesgo ecológico para el río San Juan, poco creíble. Ahora Industrias Infinito disfruta de la protección del gobierno nica, que le ha entregado varios miles de hectáreas para la explotación del oro. Nunca hemos cuantificado la reserva de hidrocarburos que seguro tenemos, porque de otra forma no habría habido tanto interés de las compañías extranjeras, un poco exacerbado desde mediados del siglo pasado.

Tampoco debería de sorprender el rechazo, para un país de contradicciones, con una cultura con una marcada propensión de cuestionar toda iniciativa de desarrollo y que, por otra parte, resiente no poder alcanzar el nivel superior de desarrollo y bienestar que cree accesible a las posibilidades de nuestros recursos. Además, los beneficios de la explotación de recursos naturales, como los hidrocarburos, no son totalmente claros. Joseph Stigliz, un economista que los movimientos progresistas parecen atender, dice en un reciente artículo, cuyo titular inspiró el nuestro: “En promedio, el desempeño de los países ricos en recursos ha sido aún más deficiente que el de los países sin recursos. Estos países han crecido más lentamente, y con mayores desigualdades –ha ocurrido justo lo contrario de lo que cabría esperar”. Stiglitz además agrega que la ‘maldición’ de los recursos naturales se explica por “tres ingredientes económicos bien conocidos”: las monedas fuertes; aumento de desempleo; y la volatilidad de los precios, aparte de que “los países ricos con recursos naturales a menudo no siguen estrategias de crecimiento sostenible”.

Pero estos argumentos no inducen a Stiglitz a rechazar la explotación de los recursos naturales. Después de todo, los altos niveles de crecimiento que, en crisis, han mantenido los países de América Latina, tienen una base importante en sus recursos naturales. Algo de ello ocurre en nuestro vecino del norte que parece encaminarse hacia un alto nivel de crecimiento, posiblemente del 5% al concluir el 2012. Sin embargo, en nuestro caso, el tema ha sido dominado por posiciones extremas que se alimentan de la exposición mediática de algunos grupos activistas; y el gusto de los medios por la inmediatez, las reacciones emotivas, la espectacularidad y la polarización. Es el contexto a partir de la cual se planteó la amenaza de algunos diputados populistas de impulsar un proyecto de ley que prohíba para siempre la exploración y explotación de hidrocarburos y tal vez otros rubros más en el campo de los recursos naturales.

Stiglitz en cambio nos ofrece algunos contenidos para un posible diálogo en torno a la incorporación de los recursos naturales al desarrollo, encarando los problemas asociados a su explotación. Nos dice que “Existe un inevitable conflicto de intereses entre las empresas que explotan los recursos naturales (que, por lo general, son extranjeras) y los países de acogida: las primeras desean reducir al mínimo lo que pagan, mientras que los segundos necesitan maximizar lo que reciben”. Y recomienda, para enfrentar tales situaciones, licitaciones bien diseñadas y transparentes que compartan más equitativamente los beneficios, con incrementos proporcionales cuando los precios se disparan. Si los contratos ya existen y sus condiciones son desfavorables, la experiencia indica que la renegociación es un recurso legítimo y posible. Los ejemplos abundan y, por más que tenga algunos focos de irritación, las empresas terminan aceptando condiciones razonables para las parte. “Es igualmente importante que el dinero ganado a través de los recursos naturales sea necesariamente utilizado para promover el desarrollo…  El verdadero desarrollo exige que se exploren todos los vínculos posibles: capacitación de los trabajadores locales, desarrollo de las pequeñas y medianas empresas para que provean suministros a las operaciones mineras y a las empresas de petróleo y gas, procesamiento dentro del país de los recursos naturales, e integración de dichos recursos en la estructura económica del país”.

El punto es que los recursos naturales sí pueden ser una bendición para países cuyo desarrollo es insuficiente para lograr el bienestar de las mayorías. Costa Rica tiene algunos indicadores prometedores. Estamos creciendo a un buen ritmo, considerando el entorno de crisis y las exportaciones, principal motor de la economía, alcanzan ya la impresionante cifra de $15 mil millones. En contraste, la pobreza sigue pegada algo por encima del 22%, a la que se agrega quienes están en sus linderos y de lo cual resulta una tasa de vulnerabilidad que se acerca al 35%, o 1.5 millones de costarricenses.

En consecuencia, nuestro país debería incorporar al desarrollo la totalidad de los recursos que pueda emplear en forma responsable y acorde con los elementos que explora el artículo de Stiglitz. No se vale que algunos políticos oportunistas, con posiciones propias de regímenes de corte autoritario, nos priven de un diálogo que puede llevarse a cabo para definir, de una vez por todas, una Política de Estado en materia de explotación razonable de recursos naturales en el marco de un desarrollo sostenible, comprometido con la preservación del medio ambiente.