Costa Rica merece las cosas buenas por Alicia Fournier Vargas – Diputada

Días atrás manifesté mi preocupación por la obstaculización ejercida por algunos compañeros a ciertos proyectos más que de interés gubernamental, de interés nacional.

También hice un llamado cordial a algunos compañeros en particular, ofreciéndoles toda mi voluntad y disposición para el diálogo serio y franco, para que juntos construyamos un país mejor, basado en el consenso y disintamos con el mayor respeto, cuando haya que hacerlo.

¿A qué vienen estas reflexiones?

Es sencillo, de la práctica diaria en esta Asamblea Legislativa, que demuestra una vez más que con voluntad, disposición y claridad es posible llegar a acuerdos.

Si podemos obtener consensos y avanzar en temas importantes como el de los impuestos de bienes inmuebles al agro ¿por qué no concretar logros en otras iniciativas legislativas?

¿Es que la Costa Rica de todos no merece la concertación constructiva a la que la mayoría de los que estamos aquí apostamos?

Claro que sí; claro que tenemos que superar los esquemas partidistas y personalistas en aras de un bien común amplio e inclusivo.

No se vale restar en vez de sumar, sobre todo cuando a pesar de las estrategias de desinformación de algunos, este país en los últimos años ha venido concretando avances importantes.

Así y conforme a informaciones recientes publicadas en un medio nacional,

“…el índice de pobreza probablemente disminuirá al publicarse los resultados de la encuesta que actualmente realiza el Instituto Nacional de Estadística y Censos, siendo el primer indicio a favor de la reducción de la pobreza  la evolución favorable de los precios de la canasta básica alimentaria.

De acuerdo a los datos, en julio, la inflación general fue negativa (-0,30%), y los precios de los bienes de la canasta se redujeron frente a la cifra registrada en junio, con una variación de solamente 5% en el último año.

La evolución favorable de los precios en general, y de la canasta básica en particular, obedece a varios factores. Las políticas monetaria y crediticia han sido, hasta ahora, prudentes, y han propiciado incrementos en el índice de precios al consumidor congruentes con las metas establecidas en la programación macroeconómica (5% más o menos un punto porcentual).

El ingreso favorable de los trabajadores en el último año es, también, un elemento positivo en la reducción de la pobreza. Según datos de la Caja Costarricense de Seguro Social, los salarios han crecido un 8% en ese período, porcentaje superior al 5% de inflación.

Eso les ha permitido atender con más holgura los gastos de la canasta básica. Es de esperar, en consecuencia, que mayores ingresos reales y menor inflación contribuyan a disminuir los índices de pobreza y pobreza extrema.

Según los expertos, la generación de empleo en el sector privado también puede haber contribuido a incrementar los ingresos disponibles de trabajadores individuales e independientes.

Sin embargo debe reducirse el desempleo actual y potencial. Eso solo se logra con una economía dinámica, capaz de expandir el PIB a tasas reales cercanas al 6% anual para generar los empleos necesarios.”[1]

Este panorama particularizado sobre el enfrentamiento a la pobreza que nos da luces de optimismo no es producto de las casualidades.

Es el resultado de un buen manejo de las políticas económicas y sociales que a pesar de la oposición y crítica mezquina de algunos sectores, está rindiendo sus frutos.

La tarea es continua y compleja y nos compromete a todos, con el único objeto de que los buenos resultados se sostengan en el tiempo.

Mucho más podríamos lograr si al amparo del consenso y al margen de la demagogia, el norte en esta Asamblea Legislativa mañana, tarde y noche, fuera COSTA RICA.

[1] Resumido del Editorial de La Nación – 20/08/2012