Reinventando la metrópoli: más allá del reordenamiento urbano

Artículo de opinión por Mauricio Herrera,  Arquitecto

Desde hace más de 30 años se han venido desarrollando distintas e interesantes propuestas –algunas con mayor visibilidad que otras– de reactivación y renovación urbana.

Los planes de reordenamiento urbano deben convertirse en una oportunidad para analizar e implementar soluciones que resuelvan problemas de ordenamiento, de flujo y de carácter en el espacio metropolitano que resuelvan los problemas en los que nos hemos enfrascado en discusiones inútiles.

Uno de ellos, es encontrar una coexistencia armoniosa entre el entorno físico de nuestras ciudades y los sistemas de comunicación visual exterior.

La economía de mercado ha contribuido a definir nuestro ambiente y costumbres. Se calcula que de cada 100 m² de espacio habitable en el plantea, 1,34 m² es espacio comercial que evoluciona constantemente y tiene la capacidad de expandir su capacidad de ejercer influencia de cambio.

Los elementos de comunicación exterior son agentes de reactivación y cambio debido a sus valores de diseño, impacto, calidad de información y estética, entre otras cosas.

Son precisamente estas características las que deberíamos redirigir en forma adecuada con el fin de que la publicidad exterior sea más que un sistema de signos y artefactos, el marco para el desarrollo de un sistema de cultura informativa que se correlacione con las características de cada ciudad o región como valor agregado.

Esto significa una transformación radical del vehículo comercial para convertirlo en una serie de beneficios paralelos a la reactivación urbana y la estimulación del desarrollo creativo colectivo.

Autores como Kevin Lynch, Rudolf Arnheim, Rem Koolhaas, Robert Veturi, Beatriz Colomina y Jane Jacobs promueven la creación de focus de reactivación urbana y espacios de atracción a partir de cambios en el paisaje de la ciudad. El “strip” de Las Vegas, Picadilly Circus en Londres, Times Square en Manhattan y Shibuya Crossing en Tokio, nos dan un ejemplo de cómo los edificios y otros componentes pueden generarnos una percepción positiva si los ordenamos en forma adecuada.

Así que no es imposible lograr que Costa Rica tenga ciudades atractivas, equilibradas que transformen el caos urbano en un espacio con características metropolitanas modernas que a a vez conserven su identidad.

Acciones concretas. Sin entrar en detalles técnicos me gustaría poner en discusión el uso de algunas técnicas de exposición de publicidad que podrían contribuir a reinventar nuestras ciudades.

La inclusión de información comunitaria paralela a la publicidad comercial debería ser el aporte de la industria publicitaria a nuestras comunidades y existen muchas formas de ponerlo en práctica; ya sea por medio de mensajes autosoportados por las estructuras publicitarias o paralelos a éstas.

Otro modo de lograr un resultado que vaya más a mano con el espíritu de protección ambiental que prima en nuestro país, es la incorporación de elementos de paisajismo que nos hagan sentir atraídos hacia las imágenes comerciales, al tiempo que ofrecen un contacto más cercano a la naturaleza.

De esta manera, podríamos romper el monótono ritmo que ofrece la publicidad exterior en los espacios con topografía plana e incluso se hace factible apostar por el uso de vallas en agrupaciones o “pockets” de diversos tamaños que liberen información en cierto punto y en otros mantengan intacto el entorno natural, o bien que se ubique en espacios de intersección donde la visibilidad es mayor y la concentración es más aguda.

Reinventar la metrópoli requiere de ideas concretas y de una dosis de buena voluntad. Quienes nos decimos interesados en el tema debemos aportar hoy para que las próximas generaciones no sufran lo que nosotros, el caos de vivir en una ciudad donde todos nos quejamos, pero no hacemos nada para solucionarlo.