La sexualidad humana y la educación sexual: III Parte

Dr. Julio Jaramillo Antillón

 

Para que la educación sexual sea integral y tenga éxito, no solo se debe enseñar la embriología, genética anatomía y la fisiología de los órganos sexuales, que tienen un papel básico en esto, sino también, educar sobre los fundamentos sociales y morales que tienen las relaciones sexuales. Después de ver en nuestro primer artículo como se forma el varón y la hembra bajo las acciones de los genes y las hormonas en la matriz y los primeros cambios en la niñez, debemos señalar la siguiente fase, llamada “pubertad”.

Esta indica el inicio de la adolescencia y la aparición del interés sexual. Se presenta en las niñas entre los 12 y 14 años y en los niños entre los 14 y 15 (hay variaciones).En esta época los ovarios y testículos comienzan a producir grandes cantidades de hormonas, como resultado en el hombre se dan cambios en la voz, aumento de tamaño y peso que provoca un mayor desarrollo físico en este sexo, pelos en la cara y cuerpo, mayor tamaño del pene.

En la mujer, el cuerpo toma características femeninas con desarrollo de las mamas, se amplían las caderas, el vello púbico crece y aparece la menstruación mensual (sangrado vaginal). Después de los 16 años el joven es ya un adulto anatómica y fisiológicamente hablando, y está listo en cuanto a capacidad sexual, en el hombre sus testículos producen una cantidad de semen (espermatozoides) adecuada, y la mujer produce cada mes óvulos capaces de ser fertilizados y quedar embarazada. Ambos responden rápidamente a estímulos visuales, conversaciones, etc. Para esa época, la mujer está ya condicionada por la familia y su sexualidad es reprimida parcialmente, aunque muchas veces no resulta.

Los seres humanos estamos constantemente expuestos a estímulos sexuales cuando vemos a una persona atractiva del sexo opuesto, que deja traslucir en algún modo sus formas, ya no solo en la calle, sino en la televisión, el cine, revistas, etc. La respuesta sexual es muy fuerte hacia el sexo opuesto cuando se es joven y va disminuyendo con la edad bajo el efecto de las hormonas y que comienzan a descender después de los 60 años usualmente.

El papel de las hormonas masculinas y femeninas está bien establecido. Si le dan hormonas masculinas a una mujer, su conducta sexual se incrementa, le sale vello facial, se vuelven más agresivas y el clítoris puede crecer. Si le retiramos la hormona masculina y le damos estrógenos lo anterior desaparece. Pese a lo anterior se señala que los hombres homosexuales no tienen más estrógenos en la sangre que los hombres heterosexuales (la mujer tiene también en formas normal pequeña cantidad de hormona masculina).

Uno puede decir sin temor a equivocarse, que las diferencias que existen entre el varón y la hembra no provienen solo de la forma particular de sus órganos sexuales externos o de  la existencia de un útero y sus ovarios internos en la mujer. Parece ser de naturaleza más fundamental, determinada por lo genético y lo funcional debido a la acción de los genes y de las hormonas desde antes de nacer y después del parto. Eso hace que, en diversos aspectos, la mujer difiera del hombre. Es correcto hablar de que la mujer debe tener los mismos derechos y oportunidades que el hombre en las diversas actividades de la vida, pero definitivamente en cada célula de su cuerpo lleva el cromosoma femenino (salvo excepciones) y la función producto de este; el cual como se ha visto aparte de dar las diferencias anatómicas, en el ámbito cerebral condiciona indudablemente pautas de pensar y de la conducta femenina. El varón y la hembra contribuyen con la mitad de los genes a la formación del embrión y el niño, pero hasta ahí llegó el macho. La mujer, proporciona el plasma del óvulo que sirve de soporte alimentario y reproducción celular y durante nueve meses el niño crece en el interior de la matriz de la madre y se alimenta a expensas de ella. El vehículo donde se forma el nuevo ser lo aporta la madre, por ello esta tiene un papel evolutivo único y quiéranlo o no, ambos generan influencias recíprocas a través del contenido de la placenta de tipo fisiológico e incluso emocionales por la vivencia de ser dos en uno. El comportamiento sexual del Homo sapiens, está condicionado para buscar una pareja del sexo opuesto, relacionarse socialmente con ella, copular con ella si esta accede y, como consecuencia de eso, vienen los hijos. Aunque como todo en la vida hay excepciones.

En realidad hay otros factores muy importantes que contribuyen a moldear la conducta sexual humana como son la educación recibida y los ejemplos tenidos.

Ahora bien, la sexualidad no controlada (algo muy corriente y que afecta a una proporción muy elevada de muchachos y muchachas), puede causar muchos problemas a los jóvenes, la abstinencia que debe enseñarse en los hogares como primera arma para moderar la pasión sexual y que reside en la razón de nuestro cerebro debería dominar, pero, en primer lugar no se enseña adecuadamente en la mayoría de las familias, ya además, muchas veces, la razón no logra en muchos casos imponerse al deseo sexual, y como resultado viene el coito sin algún método anticonceptivo y de este acto puede resultar un embarazo no deseado y que muchas veces termina lamentablemente en aborto con riego para la madre y perdida de un embrión camino a ser un niño. O finaliza, como hemos visto en embarazos de miles de adolescentes desde los 10 a 16 años, que no están mental, física y socialmente preparadas para ser madres y criar hijos, y dan al traste en muchos casos con sus vidas y la de sus niños, problema que hemos comentado en artículos anteriores. Reconocemos que la maternidad es una función eminentemente femenina (idealmente con apoyo del compañero) e indispensable en la aparición de la raza humana, sin ella no existiría esta, y aquí ha sido fundamental la existencia de la sexualidad, pero lo ideal es tener la edad y experiencia para tener un niño y sacarlo adelante como un miembro valioso de la sociedad, algo que no se está produciendo en Costa Rica, con tanto embarazo en adolescente por falta de buenos programas de educación sexual.