Proyección de Hipócrates en la medicina actual

Dr. Juan Jaramillo Antillón

Hipócrates, nació en la isla de Cos, del mar Egeo, considerado parte de Grecia hacia el año 440 a. C. Era hijo de médico y su abuelo también ejerció la medicina. De acuerdo con los antiguos biógrafos, Soranus y Suidas, su padre le dio las primeras instrucciones de medicina, no se conoce claramente que hizo en su juventud con excepción de que fue a Atenas a estudiar Filosofía y algo de Medicina, viajando luego por toda Grecia y Asia Menor aprendiendo sobre medicina y otras artes. Contemporáneo de Platón, y Aristóteles, éste le tenía mucha estima y lo llamaba el Gran Médico. Platón en el dialogo “Protágoras” se refiere a él como un médico excelente y en “Fedro” describe a Hipócrates como el famoso  sclepiades, que insistía en señalar que el cuerpo humano formaba parte de un todo y para estudiarlo había que dividirlo en partes para facilitar su comprensión, pero nunca había que desligar la parte del todo, ya que existía interdependencia en el conjunto” Esto es valido en la actualidad para todos los especialistas en medicina, la no aplicación de esta regla impide conocer bien al enfermo y su mal en muchos casos.

De adulto regresó a Cos a ejercer la Medicina. Se rodeó de alumnos y se dedicó a transmitirles sus conocimientos. Vivió hasta los 80 años. Por esa época el papel de los médicos, como era lógico, consistía en hacer el diagnóstico de las enfermedades más que en saber como tratarlas, Hipócrates superó esto en muchos aspectos como veremos.

Es aceptado que el inicio de la “medicina científica” en el mundo, se centra en la aparición de ésta figura histórica excepcional, símbolo del médico ideal de todas las épocas, incluyendo el presente. Fue el primer epidemiólogo, nutricionista y clínico, y el primero que enseño sobre prevención de las enfermedades. Hipócrates afirmaba que al paciente había que contemplarlo dentro del conjunto de circunstancias en que
permanece; es decir, verlo en el contexto que configura el ambiente en que vive, el clima, los vientos, las aguas del lugar y el tipo de vida que lleva, así como sus alimentos y bebidas, ya que, la naturaleza de los lugares, y los rasgos de estos inciden sobre la constitución de los hombres. Señalaba que el ser aficionado a beber y comer en exceso y a no hacer ejercicios enferma a las personas.

Dio a conocer que algunas enfermedades se asocian a condiciones climáticas y del ambiente, como eran las fiebres maláricas y las parotiditis, describiendo además las epidemias de influenza que afectaban periódicamente a la población. Describió además, el cuadro clínico de la tisis (tuberculosis), la septicemia, la epilepsia, la amigdalitis, la neumonía, las hernias inguinales, las hemorroides, los abscesos perianales, algunos cánceres como el de mama, útero, estómago y hígado y la disentería. A este respecto Meno, uno de sus alumnos señaló que este decía, que “residuos no digeridos de malas dietas (alimentos contaminados), eran la causa de que estas produjeran “vapores” que luego pasaban del interior del intestino al cuerpo produciendo enfermedades (si en lugar de vapores, hubiera dicho bacterias como hoy sabemos, todo hubiera estado correcto).

Entre otras causas de enfermedades citaba; el exceso de alimentación o la falta de ella con desnutrición, los traumas y el aire corrompido y las aguas insalubres de algunos lugares. Algunas enfermedades tenían que ver con la edad del paciente, otras con el sexo, la raza y un factor a tener en cuenta, “el azar” jugaba un papel muy importante en afectar a determinadas personas y a otras no.

Poseía una tremenda capacidad de observación y tenía una manera abierta para aprender, con eso logró crear los principios de lo que hoy conocemos como “Propedéutica de la Clínica,” como son: la inspección del paciente, la observación de este y su interrogatorio, y la descripción de una serie de enfermedades que se relacionaban con el cuadro clínico mostrado por los enfermos y poder hacer un diagnóstico diferencial. El fundó el método del estudio clínico del enfermo por el médico a la cabecera del paciente, y fue el primer médico en analizar los errores como la mejor forma de aprender y adquirir experiencia en el diagnóstico de las enfermedades. Pero de primordial importancia fue el hecho de que él, separó la práctica de la Medicina de su época, de las especulaciones filosóficas, religiosas y de la magia.

Creía importante en el tratamiento de la enfermedad ayudar a la naturaleza para que el organismo se recuperara a si mismo, hoy sabemos que eso sucede por los mecanismo autoinmunes de defensa que poseemos y los de reparación celular que toda persona tiene. Es no significaba que permanecía inactivo ante el enfermo. Él prescribía extractos de hojas de sauce para calmar el dolor o la fiebre, hoy sabemos que estas contienen ácido acetilsalicílico, de donde viene la aspirina, empleaba purgantes y dietas apropiadas, masajes y hidroterapia y reposo, aparte de la cirugía que practicaba.
Señalaba que se debía apoyar a la naturaleza física y psíquica de los enfermos para que soportaran la enfermedad. Indicaba que evitar el estrés de las emociones fuertes (disgustos), realizar ejercicios, evitar el abuso del licor y del comer, como medidas preventivas mejoraba la salud. La relación con cada enfermo era individualizada y el tratamiento según su mal.

Hipócrates consideraba que la cirugía era el brazo derecho de la medicina y no aceptaba la división que existía entre médicos y otras personas que hacían de cirujanos, algo muy diferente a lo que señala el Juramento Hipocrático de no cortar. El trataba heridas y fracturas e inmovilizaba el miembro afectado, drenaba abscesos en el cuerpo y empiemas toráxicos. Recomendaba lavar las heridas con agua limpia o hervida o vino
(alcohol), y cubrirlas con apósitos limpios y no cauterizarlas pues se agravaban. Por siglos los médicos y cirujanos no hicieron caso a esta sugerencia de Hipócrates, y por ello al cauterizarlas se infectaban y morían más pacientes por el tratamiento que por la herida.

Para los que creen que hemos avanzado mucho en el conocimiento del cerebro humano, Hipócrates señalaba hace 2400 años lo siguiente: “Los hombres creen que la epilepsia, es divina, meramente porque no la pueden entender. Pero si llamamos divino a todo lo que no comprendemos, habría infinidad de cosas divinas. La epilepsia no se debe ni a castigo de Dios o de los demonios, simplemente su problema nace en el cerebro,
el cual tiene por alguna causa una falla”. No fue sino hasta hace un poco más de un siglo que se aceptó esto. Él señalaba además, “que lo bueno y lo malo que nos sucede en nuestra conducta procede de nuestro cerebro, ya que la observación clínica de estos enfermos le mostraba que los trastornos mentales se debía a causas naturales que afectaban el cerebro de esas personas, y no al disgusto de los dioses o a que un demonio
se posesionaba del paciente.” Recientemente se ha demostrado que Hipócrates tenía razón y que los exorcismos para eliminar el demonio del cuerpo de una persona no tiene base científica, lo hacían en la antigüedad los hechiceros y brujos y incluso lo continua haciendo la Iglesia católica y los brujos de Haití.

El Corpus Hippocraticum, que contenía las ideas de él, recopiladas por sus alumnos, consideraba que existían tres factores fundamentales a tener en cuenta en la atención de los enfermos.

1-La enfermedad: Podía presentarse en forma diferente según el paciente, de ahí el porqué no hay enfermedades sino enfermos (Quién no ha visto un infarto sin dolor precordial o una apendicitis sin dolor en la FID). Con eso se quería señalar que no siempre una misma enfermedad da el cuadro clínico clásico por lo que había que estar en alerta, además, unas enfermedades eran leves y otras graves.

2-El paciente: Este debería colaborar con el médico para combatir la enfermedad y ser claro y honesto en responder a las preguntas del médico. El problema reside en que muchos enfermos aprecian en forma diferente una molestia y también responden incluso diferente a un mismo tratamiento para una enfermedad.

3- El médico: Deberá tener la suficiente preparación y experiencia para atender a los enfermos y:

a) curarlos de su enfermedad si puede.

b) ayudar a paliar sus molestias si no puede curarlo.

c) no hacerle nunca daño.

Como médico, para completar esta maravillosa concepción clínica en la atención del paciente, la cual está vigente en la época actual, le he agregado lo siguiente, y que implícitamente estaba comprendido por Hipócrates y su escuela.

4- El medio ambiente: Hipócrates hacía énfasis en conocer el entorno en que vive, se desarrolla y trabaja el enfermo y los hábitos que tenía, que son fundamentales como factores de riesgo para su salud.

Los escritos de Hipócrates y su escuela revelan la creación de un sistema de enseñanza de la Medicina, único para su época, el cual tenía en muchos aspectos buenas bases científicas en cuanto a la observación, el interrogatorio y la exploración de los pacientes e incluso su relación con el diagnóstico y pronostico que hacían.

Los fines de la medicina no han cambiado desde los tiempos hipocráticos, donde se sentaron las bases de la medicina científica y no se modificara aún en muchos años, aunque esto parezca increíble. Lo que cambia son: A) los medios para obtener esos fines. B) Los recursos para tener acceso a esos medios y C) La aparición de nuevos riesgos para la salud o enfermedades antes desconocidas.

Lamentablemente, después de fallecido y por siglos, a pesar de sus enseñanzas, fueron olvidados sus conceptos de educación para la salud y prevención, pues la medicina se centró en combatir la patología de los enfermos, lo cual constituyó un atraso en la “Medicina Integral” que él preconizaba y que hoy practicamos, como la mejor forma de conocer y tratar al paciente.

Lo paradójico es que los jóvenes que se gradúan de médicos conocen sobre todo a Hipócrates por el Juramento Hipocrático (existen tres versiones debido a modificaciones que se le han hecho), y este no fue escrito por él, sino por un grupo  de filósofos religiosos alumnos de Pitágoras un siglo antes. El Juramento excluye la cirugía, algo que él practicaba, y además, el suicidio asistido o el aborto no eran prohibidos en Grecia por esos tiempos. Además, el secreto profesional ahí sustentado no lo practicaba Hipócrates, ya que él identificaba por nombres y profesiones a sus enfermos y hablaba de sus enfermedades posiblemente para dar ejemplos claros y que no se dudara de lo que decía. De esta forma había coleccionado una serie de historias clínicas que le proporcionaban experiencia para sacar de ellas conclusiones.

Hipócrates convirtió la medicina en un “apostolado” social (no religioso) debido a la dedicación y cariño con la cual se debía tratar a los enfermos, insistía en que la medicina había sido creada con el propósito de “dar un servicio” y no un negocio como las otras profesiones; aunque comprendía que aparejado a ello hubiera un pago justo por el trabajo y acorde con la situación económica del enfermo, ya que el médico vivía de
esa remuneración.

Los estudiantes de medicina deben saber que él proporcionó a sus alumnos la máxima inspiración ética que se podía proporcionar en la práctica de su profesión, en especial con sus ejemplos de médico estudioso, modesto, dedicado, discreto, humanitario y sobre todo muy bien preparado en teoría y en la práctica. En razón de eso se le ha considerado El padre de la Medicina.

Publicado originalmente en la REVISTA SINAPSIS – Facultad de Ciencias de la Salud- Dr. Luis Edmundo Vásquez-El Salvador. Marzo 2012. No. 7, 9-10.

*Catedrático de la Escuela de Medicina de la Universidad de Costa Rica. Profesor Eméritus de la Universidad de Costa Rica. Ex Presidente de la Academia Nacional de Medicina de Costa Rica. Ex. Ministro de Salud.