I. ¿Cómo degrada nuestro modelo la función polìtica?

Varias cosas dice Julio Rodríguez en su columna de hoy, que son ciertas. Las rescato en las siguientes frases: puede que “la calamidad número uno de Costa Rica sea el binomio mala gestión pública-corrupción”. Declaración de un expresidente: “Mi mayor error, cuando fui presidente, fue no haber cerrado el MOPT”. En referencia al MOPT: “un ministerio carcomido, cuyos excelentes funcionarios… no podían detener su derrumbe”. “No todo es política, pero casi todo pasa por la política”. En lo que fallamos políticos, analistas y expertos es en identificar con claridad las causas fundamentales de nuestra crisis, no sólo en el MOPT, sino en todas las instituciones del Estado costarricense.

Proponemos que ese fenómeno de mala gestión y corrupción se encuentra en la estructura misma del modelo de organización político administrativo que nuestro país tiene. Si no cambiamos el modelo, las acciones correctivas parciales, como las que lleva a cabo la CCSS, no sólo tardarán más y serán más costosas, sino que los cambios no serán sustentables, porque los factores estructurales seguirán alimentando nuevas situaciones de crisis (ver AQUI elementos de un nuevo modelo propuesto por uno de nuestros colaboradores).

Sugerimos que es esencial valorar la importancia en democracia de la función política, así como sus propias complejidades. Y hablamos de la función política en abstracto, pero también en el mejor sentido práctico, como uno de los principales columnas que soportan la democracia. Si degradamos la política, estamos degradando uno de las principales fundaciones de la democracia. El hipercriticismo propio de nuestra cultura debe orientarse a buscar los medios para elevarla y ponerla al servicio del bienestar general, que es su objetivo final.

Político y política: el político surge de un contacto prolongado con la población civil y, en cierta medida, con los mecanismos formales e informales, que la democracia provee para darles respuesta (mecanismos de presión y negociación, institucionalidad…) El político se inicia por un proceso de aproximaciones sucesivas, a través de las cuales llega a entender las necesidades de la población. Y llega a constituirse en un conducto trasmisor de esas necesidades individuales y colectivas a las distintas instancias que la democracia tiene para atenderlas. Por el mismo proceso de aproximaciones sucesivas, empieza a conocer cómo funcionan los mecanismos de la democracia, para traducir necesidades en productos y servicios para generar bienestar social. Entre otras cosas, aprenderá que los procesos en democracia, por su propia naturaleza, son necesariamente lentos. Y que la razón principal emana del respecto a la diversidad y de los mecanismos de participación civil o institucional a través de los cuales se depura la verdad. Más eficiente, cuesta y dura menos, la solución en regímenes autoritarios, porque hay una verdad única, que no se cuestiona, ni se depura.

También va a descubrir con el tiempo, sutilezas importantes que distinguen su quehacer del quehacer empresarial. Si se trata de un profesional, sabrá que hay técnicas que son válidas en ambos casos, pero un factor distintivo será prominente: mientras la empresa busca rentabilidad, que se logra por la relación entre la eficiencia y los costos, en política hay imperativos sociales que se determinan por política pública, impulsados por aspiraciones de justicia social y equidad. Luego descubrirá, no siempre con la claridad requerida, que la equidad se puede manifestar en indicadores cuantitativos/objetivos de coberturas universales de servicios, o específicas para cubrir determinadas vulnerabilidades sociales. Y aquí se forja la diferencia esencial entre la organización social (como la política) y la organización de mercado. Ignorarla puede ser una fuente de irritación y conflicto.

¿Cómo concreta el político los productos que se esperan de él? Esencialmente por un proceso que podría llamarse, en términos más o menos técnicos, gestión estratégica o, tal vez mejor, gestión de políticas públicas ¿De dónde surge la política y cuál es el contenido de esta función?

La política pública nace del análisis de los retos del desarrollo, que el político construye por articulación (no necesariamente agregación) de las necesidades que ha venido palpando, a menudo por una vida de dedicación a la función pública, a partir de sus contactos individuales y colectivos con los miembros de la sociedad. Surge de un proceso de comunicación de doble vía, que requiere gran capacidad de análisis y sensibilidad para escuchar a esa figura abstracta y concreta que llamamos pueblo. Y de traducirla en compromisos adquiridos en el proceso electoral, que conduce a la función de gobierno. Es un proceso complejo, que demanda gran sensibilidad para recibir insumos e, igual, para articular ideas que se traducen (deben traducirse) en las soluciones que toda una nación acepta como la respuesta adecuada a sus problemas de desarrollo y a su visión de la dirección en que el país orientará prioritariamente sus recursos.

En suma, podríamos decir que la gestión de políticas públicas consiste en entender el sentimiento popular sobre los problemas que lo aquejan y las soluciones que requiere; y traducirlas en Políticas de Estado, porque los problemas generalmente requieren de acciones continuadas por períodos largos que van más allá de un período de gobierno y porque lo que se construya hay que mantenerlo y renovarlo. Y debe hacerlo con especial referencia a su viabilidad política y en término de las posibilidades tecnológicas y de los recursos del país. Esta delicada y compleja tarea involucra a toda la sociedad y requiere, nuevamente, de un delicado proceso de comunicaciones de doble vía, para generar un sentido de propósito en el cual participan los políticos en nombre del Gobierno y toda la población, mediante actos individuales y colectivos, personales e institucionales.

Llegar a un entendimiento común de problemas y soluciones; traducirlo en un planteamiento nacional; llevarlo a la discusión pública y articular un propósito compartido población/Gobierno; conformar políticas de Gobierno, articuladas a Política de Estado; vigilar su conformación en planes y programas; evaluar los procesos a través de los cuales traducen en forma equitativa, eficaz y eficiente en productos y servicios, es una tarea de gran complejidad y demanda competencias que se adquieren a lo largo de los años, las cuales pueden ser robustecidas por la academia, pero sólo se construyen por un largo proceso de activismo y contacto social.

Pero volvamos a nuestro planteamiento inicial. Nuestra posición es que la función política ha sido degrada por nuestro modelo de organización y gestión pública. Deberíamos entender lo delicado de la formación de las competencias que, reiteramos, se lleva a cabo a través de un contacto social e individual sostenido en el tiempo. Pero esas competencias no tienen nada que ver con el manejo de un presupuesto multimillonario (en $); de obras que se realizan a través de todo el territorio nacional; de los problemas constructivos y corrupción de la Trocha; de los caminos y carreteras de 81 cantones del país; de vigilancia técnica para garantizar la calidad de las obras; con las huelgas por las incapacidades, las cesantías, los sueldos de privilegio y muchos etcéteras más.

El punto es que la función pública es demasiado importante para mezclarla con procesos tecnológicos y administrativos, para los cuales las delicadas competencias políticas adquiridas a través de años de activismo comunitario, son irrelevantes. Hacerlo implica poner en riesgo el recurso más valioso que tiene el Gobierno y el país en la gestión de política pública. O, peor, implica perder el rumbo del país, crear ingobernabilidad, complicar la gestión pública, generar crisis y contribuir a que el país pierda confianza en su capacidad para enfrentar los retos del desarrollo, la confianza en su democracia.

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Nota: lo invitamos para que esté pendiente de nuestro próximo editorial titulado:

II. ¿Cómo degrada nuestro modelo la capacidad tecnocrática para ejecutar políticas y llevar bienestar a la población?