Metimos la pata y la metimos hondo en lo profundo del barro de la Trocha. La Sra. Presidente dijo alguna vez que la platina era expresión de la extrema ineficiencia de la administración pública. De acuerdo, pero la experiencia de la construcción de la Ruta 1858 bate muchas marcas ¿Cómo es posible que se cometan tantos errores al mismo tiempo? ¿Cómo es posible que el Sr. Ministro de Obras Públicas y quienes viven entre proyectos de ingeniería hayan omitido las cosas más básicas en la planificación de una obra tan importante? ¿Qué hacer frente a los groseros errores cometidos?
Vamos por partes. Lo más importante es rescatar el proyecto y asegurarle al país su ejecución en el plazo más breve posible. Los errores deben servir para decidir qué hacer y cómo hacerlo con la urgencia que la obra amerita. Su importancia no se puede soslayar: es un proyecto que toca las fibras más íntimas de nuestro sentido nacional; es una inversión que en gran medida servirá de contención a las hostilidades históricas de Nicaragua; es un proyecto que integra a una población que, por abandono, se ha mantenido alejada de nuestra realidad nacional; y es un activador de la riqueza no explotada de la zona. El Gobierno debe actuar con el mismo sentido de urgencia que le dio origen, pero corrigiendo sus fallas esenciales, como ausencia de planos y controles, respeto al entorno ecológico y participación de múltiples empresarios, entre muchas otras cosas. Es más, el Gobierno, en interés de nuestra soberanía, debería explorar y dejar asegurado su financiamiento para que sea una carretera de primer nivel. Lo anterior es de la máxima prioridad y, sin duda alguna, seguirá contando con el respaldo de todos los costarricenses. Tal vez incluso nos permita superar el efecto emotivo de un descalabro institucional de grandes proporciones y del festín mediático que le ha seguido.
En segundo lugar, las investigaciones deben seguir adelante para determinar responsabilidades tanto por la posible corrupción como por la evidente incompetencia en la ejecución de lo que podría ser una de nuestras principales iniciativas en varias décadas. Un artículo de prensa de hoy deja claro la naturaleza de deficiencias inexcusables para los profesionales, que han sido comidilla mediática (ver AQUÍ).
Último, pero no por ello menos importante, hay que analizar las causas fundamentales de deficiencias que ponen en duda la vasta inversión de recursos en la administración pública y de la cual no escapa ninguno de los poderes de la república. En La Fragua hemos argumentado que una buen parte de estos errores se explican por fallas estructurales en nuestro modelo de organización y gestión pública e incluso hemos sugerido elementos de un modelo correctivo. Instituciones tan complejas como el ICE, el MOPT y la CCSS ya cuentan con su segundo gerentes general (ministro o presidente ejecutivo) al haber completado sólo el segundo año de la Administración Chinchilla Miranda. Si fueran empresas en competencia, simplemente habrían quebrado y posiblemente no existirían. Más fundamental, en nuestra administración pública se pide a esos gerentes generales que cumplan una función política, para la cual tienen competencia, y otra tecnocrática, para la cual no la tienen. Mientras los modelos de organización y gestión no distingan estos dos estratos fundamentales de nuestra institucionalidad, errores como los mencionados o la propia crisis financiera de la CCSS, mantendrán su carácter recurrente.
También hemos dado nuestra bienvenida a la iniciativa de la Presidente Chinchilla, sobre la integración de un grupo de ciudadanos ilustres, para que estructuren una propuesta de cambio institucional que, esperamos, se focalice sobre las causas estructurales de nuestro problema institucional y ofrezca reformas sostenibles.





En todo esto es siempre mejor ir por partes y por niveles para no cometer errores ya que son asuntos demasiado serios para lograr la estabilidad que el pais esta requieriendo.