¿Podrá el país sacar algún provecho de los fracasos de la alianza?

editorial 150x150 ¿Podrá el país sacar algún provecho de los fracasos de la alianza?Hace apenas unos pocos días, un artículo de La Fragua sugería que el PASE adolecía de un compromiso ideológico fuerte para permanecer en la alianza. Sus temas principales tienen un alcance limitado, en torno a ciertos derechos humanos y, es posible que su fortaleza electoral, con cuatro representantes en el congreso, sea producto de la crisis política que ha redundado en una abierta atomización. Pero, mientras esa falta de compromiso lo convierte en un socio inestable, las identidades ideológicas de los restantes miembros de la alianza es causa de desunión y franca hostilidad mutua. Lo cual parece natural en el entorno político nacional, pero catastrófico cuando se relaciona con el funcionamiento de la Asamblea Legislativa, por la cual deberán pasar los proyectos determinantes de nuestro desarrollo.

Quienes impulsaron la alianza, simplemente se engolosinaron. No previeron que en crisis, la meta de destruir al PLN se constituía en una meta politiquera, mezquina, cortoplacista. Como se esperaba, fue matizada por actos circenses, que absorbían los recursos de la institución, en la mayoría de los casos con cero resultados (Caso RAS, ya investigado por el propio congreso y otros órganos competentes) o que exponían la incompetencia de los diputados (por ejemplo con la comparecencia del expresidente Figueres Olsen). Las estrategias dilatorias de algunos de los miembros de la alianza, también produjeron extensos períodos de inactividad y despilfarro de recursos legislativos, en clara violación de la ética de algunos de sus miembros.

La alianza nació con un propósito falaz, cuyos resultados podrían ser ampliamente perjudiciales para sus miembros. Estos, según resultados reiterativos reflejados en las encuestas, tienen niveles de respaldo popular que en conjunto suman alrededor del 26%, contra un 42% del PLN. El mensaje de estas encuestas es que los partidos de oposición están haciendo algo mal, que produce el rechazo de la población. Pero los respectivos liderazgos no reconocieron esta realidad y, en vez de encarar sus propios problemas de credibilidad, concibieron la estrategia de una alianza para destruir al PLN. Una estrategia falaz, poco transparente, que evade las causas de sus problemas y buscan una solución política, plagada de los riesgos que ahora son evidentes. En marcado contraste, a pesar de los problemas que enfrenta el Gobierno, algunos reales y otros inflados con propósitos mediáticos, mientras la alianza se debilita en sus desacuerdos, el PLN se encuentra activo, robusteciendo su base ideológica, ética y de estudio de los problemas nacionales. Y lo hace en escala nacional y con una decisiva participación de su juventud. Un desequilibrio estratégico con potencial de ensanchar la brecha, en perjuicio de nuestra democracia.

¿Podrá el país cosechar algunos beneficios de los fracasos de la alianza? No si los partidos de la oposición ignoran racionalizar sus tropiezos. La reacción inmediata y poco genuina, es acusar al PASE de traición, judas, deslealtad, piratas y otros epítetos, en negación de los problemas reales de cada agrupación. Estos tienden a ahondarse por las grescas internas pero también por las divisiones que los problemas subyacentes vienen dejando. A lo interno del principal miembro, el PAC, la división es notable entre los partidarios de su líder y fundador, y los grupos que ellos mismos han caracterizados de chavistas (izquierda radical, la misma que quiso descarrilar la decisión soberana del TLC). En el PUSC y el ML ya se vienen constituyendo movimientos alternativos.

Las divisiones que la alianza ha profundizado tienen dos efectos contrapuestos. Por una parte, si prevalecen intereses políticos mezquinos, el entorno nacional se podría enrarecer y complicar, por un efecto mayor de atomización política. La ingobernabilidad aumentaría y la posibilidad de acuerdos nacionales será más compleja, en momentos en que parece que las soluciones a los problemas nacionales, ya están por encima de la capacidad resolutiva de un partido cualquiera. Por otra parte, si los movimientos alternativos que se vienen constituyendo logran proyectar un sentido de responsabilidad y privilegio del interés nacional, podría ser que surja una nueva agrupación que atraiga a una parte importante del electorado. En tales circunstancias la capacidad del país para negociar los acuerdos nacionales que las circunstancias demandan, se habría incrementado. Este sería el mejor escenario posible.