Los desacuerdos del PAC: implicaciones para el país


EDITORIAL 213 Los desacuerdos del PAC: implicaciones para el paísSiempre me ha inquietado saber a quién representa el PAC. A quiénes escuchan. A los radicales de izquierda, a los moderados, a los comités patrióticos –si todavía quedan–, a los que no quieren que pase nada, a la clase media, ¿a quién? La respuesta es fundamental para saber el rumbo por el que ellos van a llevar a este país si llegan a ser Gobierno
. Esta expresión, de un exmilitante del PAC (ver AQUÍ), es coherente con la imagen de un mosaico ideológico, en la que conviven distintas corrientes, algunas de las cuales tiene poca presencia nacional y la quieren ganar detrás de la figura de su fundador o del Partido. Esa convivencia en diversidad es fuente de una lucha de poder interno, sustentada en temas definitorios de las orientaciones estratégicas y de los valores que las sustentan, condicionadas por un hecho político importante: Ottón Solís es más grande que el PAC, según encuesta de marzo de este año, que lo ubica entre las principales figuras políticas del país, mientras el partido sólo recibe poco más del 10% de las preferencias. Contra este hecho, las estructuras de poder interno parecen alejarse de su fundador y de su pensamiento, especialmente en el plano ético.

Las disputas surgen de la llamada alianza por Costa Rica, cuyo desempeño recibe pésimas calificaciones por parte de la población. Su fracaso evidente en las palabras de don Ottón: “¡Cuán equivocados estábamos los que, rebuscando, encontramos esas ventajas en la Alianza! Algunos de sus miembros tienen tan poca vocación para gobernar en democracia que han logrado que el Poder Legislativo no gobierne (no tome decisiones). En caso de concretarse una alianza para el 2014, al país deberá rendírsele cuentas sobre los resultados con el único ejemplo de ejercicio de poder por parte de esa posible alianza. En esa rendición de cuentas se deberá informar de una de las aberraciones mas insólitas en la historia del poder y de la democracia: que la Alianza es excelente entrabando, por su misma voluntad, la toma de decisiones aún en los órganos que controla totalmente. ¡Ni en la ficción del realismo mágico encontramos tal “creatividad”!” (Ver AQUÍ). Es evidente que la alianza replantea conductas éticas del PAC, pero igualmente que hay reacomodos de sus estructuras internas de poder.

Uno de los temas de conflicto es el derecho al ejercicio del voto legislativo, en forma general y relativo al proyecto fiscal, acordado por don Ottón con la presidente Chinchilla. Esto podría parecer extraño, cuando fue el PAC el que mantuvo a la Asamblea Legislativa (AL) secuestrada por un año con carretillos  de mociones durante los procesos subsecuentes a la aprobación del TLC, mediante referendo nacional. Se trataba entonces, no sólo de impedir a la mayoría votar, sino de revertir una decisión soberana de los costarricenses. Dicho esto, es importante enfatizar que don Ottón ha manifestado, en una entrevista a su regreso de su última estancia en EE. UU., que dichas acciones fueron aprobadas por la dirigencia del PAC, sin su acuerdo. Entre quienes sí apoyaron esos actos de dudosa base democrática, se encontraba el Sr. Juan Carlos Mendoza, que ahora preside la AL y la alianza.

Llama la atención esto porque, si bien Mendoza no ha sido partícipe de la elaboración de mociones obstruccionistas, tampoco las ha denunciado, a la vez que se escuda en una presunta inconstitucionalidad de la vía rápida para detener el acuerdo entre Ottón Solís y la Presidente. Además, una parte de las disputas afectan al PAC, pero otras tienen que ver con el funcionamiento del primer poder de la República, pero Mendoza prefiere que sean tratadas en privado, alejadas de los medios y de la opinión pública. Ambas posiciones tienen una cuestionable base democrática y aportan al problema de ingobernabilidad.

La población sigue el curso de estas diferencias, porque a pesar de su escasa popularidad, el PAC es la segunda fuerza política del país y Ottón Solís se encuentra entre los líderes políticos que mantienen alguna credibilidad, en un entorno en que la mayoría (51% según encuestas) se disocian de la política. Superados estos problemas, esperaríamos que la AL, el PAC y otros movimientos políticos responsables se focalicen en los problemas que encara el país, potencialmente agravado por una economía mundial que no despega y por problemas de nuestra institucionalidad que requieren impostergables transformaciones de fondo. Por su naturaleza, esos problemas demandan de acuerdos políticos, que la mayoría de los miembros de la alianza han demonizado y están dispuestos a aplicar instrumentos espurios para impedirlos.