Muchos analistas se han referido al problema de ingobernabilidad que tiene postrado nuestro desarrollo. Un filósofo,Santiago Manzanal, nos dice que “Cualquiera con dos dedos de frente debería admirarse de que el país no esté ya en el suelo. He ahí, precisamente, el milagro. Un gran milagro, por cierto, al considerar que Costa Rica está prendida con alfileres en medio de una crisis mundial que empeora las cosas”. Kevin Casas agrega que “El retroceso de los indicadores de gobernabilidad de Costa Rica solo es superado en América Latina por el de Venezuela, Bolivia y México… Si nunca fuimos buenos para acabar las cosas, ahora no somos capaces siquiera de empezarlas”. Fernando Berrocal señala que la palabra de moda es ingobernabilidad. Y, “Lo grave es que es cierto: el país se ha hecho ingobernable. Pero más grave aún… es que no hacemos absolutamente nada para acabar con la “ingobernabilidad”. La Sra. Presidente expresó públicamente que la platina es una expresión de la extrema ineficiencia de la Administración Pública. Ottón Solís dijo alguna vez que con lo que se pierde por ineficiencia pública es suficiente para resolver el problema de pobreza y sobra.
La opinión pública entiende que hay una especie de colapso de nuestra institucionalidad y, en frustración, se aparta de la política. Según resultados reiterativos de las encuestas, un 51% de los costarricenses son desafiliados de la política. Y 6 o 7 agrupaciones políticas se reparten el 49% restante, lo que implica un pírrico respaldo popular. En realidad, la clase política sigue insensible a los grandes retos que encara el país y que se confirma con la incapacidad del congreso de legislar, del poder ejecutivo de ejecutar y en alguna medida el poder judicial de velar por los derechos de todos, de acuerdo con el principio de equidad, en vez de legislar en interés propio.
¿Qué hacer? Nos parece que hemos esperado demasiado por una reacción de los partidos políticos, preocupados por inmediateces e incapaces de ver los problemas que encara el país para su desarrollo en el corto, mediano y largo plazos. Sin embargo, hay que reconocer que la naturaleza extrema del problema no puede encontrar solución sin un acuerdo nacional y torno a dos procesos: uno para introducir cambio importantes en el muy corto plazo para mejorar la gobernabilidad y con ello encarar la situación de crisis que arrastramos, los riesgos que la lenta recuperación de EE UU y una casi segura recesión de la UE, nuestros dos principales socios comerciales. Y otro que no dote de una nueva constitución.
En segundo término tenemos que focalizar nuestras prioridades. Los políticos andan perdidos, como lo evidencia su priorización en temas como el tabaco y la ley de tránsito, proyectos sin duda importantes, pero no cruciales. Sugerimos que nuestro problema es la pobreza, que alcanza un 22.5% y la vulnerabilidad, es decir quienes se encuentran en el umbral de la línea de pobreza y que, con los pobres, conforman un 35% de la población (millón y medio de costarricenses). Si esa es nuestra preocupación central, la solución pasa por empleos/ingresos, estos por crecimiento y éste por infraestructura, educación-investigación-tecnología. Por supuesto, estamos dando por sentado que todo ello se sustenta en una reforma instituicional de fondo, que afecta nuestra capacidad para generar (congreso) y ejecutar (ejecutivo) proyectos en períodos muy cortos. Y que, además, tiene dos momentos distintivos: uno de no más de una docena de reformas estratégicas y otra que conduzca a la constituyente.
¿Cómo producir un acuerdo nacional, cuando los políticos sólo ven problemas de menor rango y de sus pequeños entornos? Es posible que la iniciativa, el primer paso, tenga que darse a lo externo del espectro político, también con evidentes ventajas. Si lo que necesitamos es enfocarnos en problemas nacionales, aceptemos que estos son de todos y pensemos en un proceso de tipo civil, posiblemente encausado por una comisión de notables con un fuerte compromiso patriótico y capacidad para actuar apolíticamente. Esos notables podrían encarar un proceso de difusión nacional para sensibilizar a la opinión pública sobre problemas y planteamientos que lleven a sus soluciones. Luego llamaría a los líderes de las distintas agrupaciones políticas para asuman su responsabilidad, tal vez creando un segundo plano de organización, que involucra la participación de los tres poderes del Estado. Dada la notable incapacidad de las estructuras políticas para dimensionar los problemas y adoptar las soluciones apropiadas, podria ser de beneficio que losnotables desarrollen sus equipos de expertos para conformar propuestas técnicas, que luego serían negociadas con las entidades políticas.