Seguridad ciudadana: la escurridiza naturaleza del problema

Eduardo carrillo2 300x279 Seguridad ciudadana: la escurridiza naturaleza del problemaEncuentro de gran interés el artículo de Jaime Daremblum, porque cuestiona algunas de las premisas sobre las cuales se ha construido el inadecuado trabajo que, como sociedad, hacemos en torno al problema de la seguridad ciudadana. Un problema que ocupa el primer lugar en el imaginario colectivo y cuya magnitud la confirman las estadísticas: la tasa de homicidios en Costa Rica casi se duplica, del año 2000 al 2010, al pasar de 6 por cada 100 mil habitantes a 11,3. En nuestro entorno centroamericano, Honduras pasó de 35 a 82 entre el 2005 y el 2010. Otras cifras del 2010 son: El Salvador 66; Jamaica 52, Guatemala 41, Panamá 21,6; México 18; y Nicaragua 13, la segunda más baja después de Costa Rica. El promedio mundial es 6,9 por 100 mil habitantes. Pero tenemos las dos tasas más altas del mundo: las de Honduras y El Salvador. Nuestro continente tiene 14% de la población mundial y 31% de los homicidios registrados en el 2010. Somos superados sólo por Africa que tiene el 36%.

Más interesante repasar las posibles causas de estas altas tasas de criminalidad. Buena parte de la retórica que nos llega de la academia y de algunos círculos políticos, nos dice que la pobreza y la equidad son los principales impulsores del crimen. Sin embargo, la información que nos aporta don Jaime, aparentemente sustentada en una investigación de la ONU, encuentra situaciones que cuestionan esa línea de argumentación. Honduras y Nicaragua comparten altos niveles de pobreza, pero tienen tasas d criminalidad muy distintas de. Algo similar ocurre en Perú, Bolivia y Paraguay, de bajo ingreso per cápita y tasas relativamente bajas que no pasan de 15 homicidios por 100 mil habitantes.

Pareciera que las causas más prominentes surgen de factores externos a muchos de los países mencionados, pero propios de nuestra región. Una cita del artículo en referencia explica mejor estos factores y ciertos ciclos generados en nuestros países:

La lucha por las rutas del comercio de drogas ilegales, el crimen organizado con su variado menú de delitos, y la disponibilidad de armas de fuego han sido de particular impacto en los últimos años. Las investigaciones de la ONU señalan que el ingreso de nuevos actores en el tráfico de drogas, las incautaciones reiteradas en ciertas rutas y la represión por parte de las autoridades, conllevan reacomodos de fuerzas entre los criminales que se resuelven con balas y muertes”.

La combinación de crimen organizado y el fácil acceso a las armas definitivamente alimentan la violencia, al punto que tres de cada cuatro homicidios en Latinoamérica se ejecutan con armas de fuego, mientras, en Europa es solo uno de cada cinco. Según el estudio de la ONU los cambios de los últimos años en las tasas de homicidios en la región se explican por el aumento en los crímenes con armas de fuego, y estos a su vez por la acción cíclica del crimen organizado”.

Destaco del artículo de don Jaime dos aspectos adicionales. El primero es que tendemos a dividirnos en dos sociedades, una segura y otra insegura. La primera es la sociedad de ingresos medios a altos y la segunda de de ingresos bajos. La primera se protege por la seguridad privada que logra contratando a gente armada y aislándose en condominios cerrados. La otra convive con el crimen, agregando un factor más de vulnerabilidad a los que su condición de pobre le impone. El segundo es que, en un afán de buscar protección, la población se arma. En muchos casos la población civil (incluye los agentes de seguridad) tiene más armas que la policía que supuestamente nos protege. De nuevo, algunas estadísticas sobre agentes de seguridad por 100 mil habitantes resultan impactantes: Guatemala 994, Panamá 928, Honduras 870, Jamaica 562, Colombia 441 y México 427 y Costa Rica 452 (quinto en América Latina).

Los datos que nos ofrece don Jaime aclaran muchas cosas y debilitan algunas premisas o, más bien, lugares comunes de nuestra retórica, que algunos toman como cosa cierta. Esto representa alguna ganancia, pero no nos acerca más a la solución. Tal vez sí nos advierte que ciertos enfoques son una pérdida de tiempo, recursos y eficacia en la lucha para lograr ese nivel satisfactorio de seguridad al que todos aspiramos. Lo cual es crecientemente cierto con respecto a la mayoría de las actividades estatales. Nos dice también que hay dos factores que pueden constituir los principales disparadores de la criminalidad: el crimen organizado y la proliferación de armas que trae consigo, pero también impulsa la población por un equivocado sentido de seguridad.