Warren Bufet, uno de los hombres más ricos del mundo, clama porque los ricos paguen más impuestos. Esto se hace en momentos en que el Presidente Obama intenta buscar una mayor contribución de los sectores más favorecidos de su país para enfrentar la crisis fiscal y reducir los recortes a programas sociales que favorecen a quienes más sufren las consecuencias de la crisis económica actual.
Su argumentación ética no podía ser más contundente, como se aprecia en la siguiente cita: Buffett precisa que la imposición que se le aplicó a su fortuna fue del 17,4%, cuando a un empleado medio se le grava con el 36%. Explica que consiguió pagar la mitad de impuestos gracias a una serie de agujeros en la estructura fiscal. En concreto, el presidente ejecutivo de Berkshire Hathaway pagó 6,9 millones en impuestos. “Puede parecer mucho dinero, pero porcentualmente es menos de lo que pagó el resto de empleados en nuestras oficinas“.
Según El País de España “Algunas de las mayores fortunas francesas están dispuestas a arrimar más el hombro para impulsar la salida de la crisis de su país. Un total de 16 multimillonarios han pedido… que se les aplique una subida de impuestos. Nosotros, presidentes o directivos de empresas, hombres o mujeres de negocios, financieros, profesionales o ciudadanos adinerados deseamos que se instaure una contribución especial que afecte a los contribuyentes franceses más favorecidos, señalan en el texto”.
No deberíamos buscar tranquilidad de conciencia, amparados en teorías económicas con pretensiones de seriedad y generalmente asociadas con una dialéctica populista, que defiende a las mayorías. En nuestro país hemos sido consistentes sistemáticos. Hemos escondido la ética y hemos utilizado la teoría económica para sustentar subsidios para los ricos, generalmente pagados por los pobres. Las mini-devaluaciones se destacan entre ellos. Y ahora el país tiene una presión sistemática, en la que participan políticos, la prensa y algunos economistas, para justificar una devaluación que favorezca las exportaciones. No parece preocuparles la situación de un millón de pobres o la pérdida de capacidad adquisitiva que la crisis ha producido al impactar en empleos e ingresos. Tampoco los indicadores objetivos, como el coeficiente gini, que nos destaca como uno de los países más inequitativos del mundo. O la evidencia, según la cual ningún país con tasas contributivas bajas ha logrado su desarrollo.
Es satisfactorio leer estas noticias, en las que la ética se sobrepone a teorías de cuestionable sustento. Sería aún más ver a unos cuantos ricos nacionales tomar la misma bandera.




